INÉS OLLERO, el ave más bella.

INÉS OLLERO, el ave más bella.

INÉS OLLERO

El ave más bella

 El 19 de julio de 1977, hace 40 años, cuando volvía a su casa de una reunión partidaria, en el interno 13 del colectivo 187, fue secuestrada la inolvidable compañera Inés Ollero.

 Inés era estudiante de tercer año de Biología en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, tenía 21 años y militaba en la Federación Juvenil Comunista del barrio porteño de Almagro. Había subido en la parada de la estación Lacroze. Después se sabría que fue detenida por un “grupo de tareas” de la Marina por portar “material extremista” (la prensa del Partido Comunista, diría su padre), que estuvo detenida en la Comisaría 49 y luego vista con vida por última vez en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), y permanece desaparecida.

 Su padre, César Ollero, la buscó sin descanso. Obtuvo testimonio del colectivero y de un par de pasajeros, testigos y protagonistas de aquel viaje nefasto. Se sabe por boca del propio César Ollero que Eugenio Zaffaroni, que entonces era juez penal de primera instancia, ayudó bastante en la investigación. También León Arslanián que actuó como juez subrogante. El abogado Jaime Nuguer llevó el caso hasta sus últimas consecuencias, desde el Habeas Corpus inicial hasta la condena de los genocidas Videla, Massera y el vicealmirante Chamorro, jefe de la ESMA.

 El escritor y poeta José Murillo le dedicaría un poema memorable: “Y por esta certeza inapelable / toda esta lluvia que me moja el alma / me ha dejado en la mano una paloma / y en los ojos, sonriéndose un lucero”.

 Diría Murillo también, relacionando amadamente a Inés Ollero con Ana Teresa Diego, también militante de la Fede desaparecida en La Plata unos meses antes: “Hay una estrella a la que los estudiantes de la Universidad de La Plata le pusieron el nombre de Ana Diego. Debería haber un ave, la más bella de nuestra patria, que lleve el nombre de Inés Ollero”.

 Este humilde servidor, un militante más de la querida Fede, que no está ni ahí de José Murillo, ni mucho menos del mismísimo Joan Manuel Serrat, se puso a buscar como biólogo, ecólogo y ornitólogo.

 Y le costó encontrar “el ave más bella de nuestra patria” que proponía Murillo. Hasta que al fin decidió que era la Calandria (a la que en Cuba le dicen Sinsonte): una de las más comunes y populares de nuestras aves, y la del mejor y más multifacético canto hacia el futuro.

 ¡Hasta la victoria siempre camarada Inés!

 R.G.M.

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