REFORMA LABORAL: Y si trabajo me matan

REFORMA LABORAL: Y si trabajo me matan

REFORMA LABORAL

Y si trabajo me matan

La reforma laboral que pretende implementar el gobierno nacional nos hace retroceder décadas y echa por tierra derechos que forman parte de la Ley de Contrato de Trabajo y por los que miles de luchadores dejaron su vida.

Pasadas las elecciones, se pueden sacar los trapitos al sol. Las reformas previsional, tributaria y laboral son Caballos de Troya para los que aún confían en el “cambio” y estocadas directas del poder económico para continuar la transferencia de recursos hacia los sectores más concentrados, excluyendo y hambreando a los sectores populares.

Deteniéndonos en el proyecto de ley para la reforma laboral y en palabras del Doctor Héctor Recalde, diputado y presidente del bloque del FpV, la reforma es “claramente violatoria de derechos consagrados por los Tratados de Derechos Humanos y de la Constitución Nacional y habilita a tratar a los trabajadores como ´insumos´ y no como seres humanos”.

De qué se trata

Al estilo de la flexibilización laboral que conocimos en los noventa, el proyecto contiene la creación de un Banco de Horas: no se pagarán más las horas extras que, entre paréntesis, forman parte del sueldo cuando se liquida el aguinaldo o la indemnización. No se pagarán, pero si será obligatorio trabajarlas y podrán ser promediadas: por ejemplo un día trabajar cuatro y otro día diez.

El principio de irrenunciabilidad a las condiciones laborales convenidas, dejará en estado de indefensión a los trabajadores y trabajadoras: categoría, salario (por ejemplo si alguien hubiera acordado un sueldo mayor al del convenio), extensión de la jornada, etc., anulando la posibilidad de recurrir a un juez que le impida a la empresa llevar a cabo estas violaciones a los derechos. Tal como con situaciones que le causen perjuicio material o moral. Al no poder recurrir a un juez, se elimina la actual protección que impide modificar las condiciones de trabajo pactadas hasta tanto no haya sentencia. Con este principio vulnerado, lo único que podría hacer el trabajador es considerarse despedido y dejar constancia de su inconformidad. De este modo, la relación laboral se torna extorsiva y disciplinadora.

La brutal novedad está referida al modo en que se podrá despedir personal. Por un lado, el proyecto prevé que el cálculo de la indemnización no considere, como se explica más arriba, las horas extras ni el aguinaldo ni ningún acuerdo salarial por encima del convenio. Por otro lado, promueve la creación de un “Fondo de Cese Laboral”: cada mes se descontará del salario una equis suma de dinero con la que los trabajadores, en el caso de ser despedidos, se pagarán su despido. Estos dos elementos facilitarán los despidos sin causa: hoy en el cálculo, además de lo enumerado, se suma el mes de preaviso. En relación a esto, se reduciría el tiempo en que el trabajador tiene para reclamar lo que le deben. En la Ley de Contrato de Trabajo (1974) ese período en que se preparan los papeles para la presentación del reclamo, era de 4 años, la dictadura cívico militar lo redujo a 2 y el proyecto de ley que intenta implementar el gobierno neoliberal, es de 1.

Para completar, algunos elementos más: parte de la mentira con la que intentan generar consenso es la de la eliminación del denominado trabajo en negro; precisamente se derogarían dos leyes que duplican las indemnizaciones por despido en esas condiciones laborales por lo que en vez de reducirlas, se alentarían. Se crearían nuevas figuras como por ejemplo la de “trabajador autónomo económicamente dependiente”. ¿O sea? Si se es autónomo, se factura; si se está en relación de dependencia, se tienen derechos. Bajo esa contradicción, se contratarán asalariados en “negro” sin derechos y que facturen. Y el eufemismo de acercar a los jóvenes a su primer trabajo, bajo el nombre de pasantías, se encolumna en ese modo de contratación.

Con la implementación de este proyecto retrocederíamos sobre los derechos conquistados con años de lucha y compatriotas que dieron su vida como la jornada de ocho horas y condiciones dignas de trabajo. La resistencia, batallando en el Congreso y organizados en la calle.

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