MEDIO ORIENTE: Los yanquis en su propia encerrona

MEDIO ORIENTE: Los yanquis en su propia encerrona

MEDIO ORIENTE

Los yanquis en su propia encerrona

En un acto de prepotencia imperialista, Donald Trump provocó un escándalo internacional al reconocer a la ciudad de Jerusalén como capital del Estado de Israel, y decidir el traslado de su embajada hacia esa ciudad. Vladimir Putin criticó esta decisión y acusó a Estados Unidos de querer provocar una nueva guerra y desestabilizar aún más la región.

El pueblo palestino se manifiesta contra la decisión de EE.UU.

Ante la inminente derrota del terrorismo, financiado por Estados Unidos en Siria, y en un gesto político hacia el sector más extremista de la derecha norteamericana, el imperialismo yanqui está buscando un nuevo foco de guerra en Medio Oriente. La determinación de reconocer a Jerusalén como capital de Israel y trasladar la embajada yanqui a esa ciudad es solo el comienzo de un nuevo plan bélico. Esta decisión, hecha pública el 6 de diciembre, atenta contra los derechos del pueblo palestino (que vive mayoritariamente en los barrios orientales de la ciudad), contra la paz en Medio Oriente, y es una flagrante violación a todas las resoluciones aprobadas por la ONU que condenan la constante ocupación y robo de tierras del pueblo palestino por Israel. A las pocas horas del discurso de Trump, tropas israelíes asesinaron a 4 palestinos e hirieron a más de 300 que participaban en manifestaciones populares realizadas en Gaza y Cisjordania.

El imperialismo rompió así con una política de décadas que buscaba una solución consensuada sobre el estatus de Jerusalén. EE.UU. siempre intentó mantener una política exterior maquillada y equilibrada a la hora de tratar con su principal aliado en Medio Oriente, ya que debe evitar un quiebre con otros aliados regionales como Turquía, Arabia Saudita, Qatar, Jordania, entre otros países cómplices de la actual política guerrerista yanqui. Sin embargo, esta decisión extrema generó fisuras importantes hacia adentro de su campo de aliados en la región. En una reunión en Estambul, Turquía, más de 50 líderes musulmanes cercanos a Estados Unidos criticaron la decisión del gobierno de Trump y llamaron a reconocer a Jerusalén Este como capital de Palestina. Incluso la mayoría de los gobiernos de la Unión Europea desconocieron la decisión de Trump, mientras que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una resolución llamando a todos los Estados del mundo a abstenerse de establecer sus embajadas en Jerusalén. Esta resolución fue vetada por EE.UU.

Por su parte, el presidente ruso, Vladimir Putin, advirtió que esta medida de los yanquis puede provocar mayores conflictos entre árabes e israelíes y es “contraproducente y desestabilizadora”. Rusia está dispuesta a reconocer a Jerusalén Oeste como capital de Israel si al mismo tiempo se reconoce a Jerusalén Este como capital de Palestina. La posición rusa es contraria a la del imperialismo norteamericano: apoya una salida pacífica al conflicto palestino-israelí, mantiene una política de respeto hacia las soberanías nacionales de todos los países de la región, condena toda guerra ilegal promovida por Estados Unidos y sus aliados y apoya al gobierno legítimo sirio, que en los últimos días pudo erradicar casi por completo al Estado Islámico (ISIS) de su territorio. En ese contexto, Putin estuvo también en Siria donde se reunió brevemente con el presidente Bashar Al Assad, lo felicitó y anunció la reducción de las tropas rusas destinadas en ese país. “Siria se conserva hoy como Estado independiente y soberano, los refugiados regresan a sus hogares y se han creado las condiciones para un acuerdo político bajo los auspicios de las Naciones Unidas”, manifestó el líder ruso antes de felicitar y despedir a las heroicas tropas rusas que vuelven a su patria.

La erradicación del ISIS en Siria significa la derrota de la política del imperialismo hacia ese país, cuyo principal objetivo era derrocar al gobierno de Bashar Al Assad y balcanizar Siria a través del financiamiento de diversos grupos terroristas. Lo mismo intentaron en Yemen, pero la insurrección popular evitó que Arabia Saudita ocupara el país. Ahora intentarán comenzar un nuevo conflicto a gran escala en Palestina y continuarán provocando a Rusia, a China y a todos los países que abogan por la multipolaridad.

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