A 90 AÑOS DE SU NACIMIENTO: Ser como el Che

A 90 AÑOS DE SU NACIMIENTO: Ser como el Che

CHE, A 90 AÑOS DE SU NACIMIENTO

Ser como el Che

Por Rodolfo G. Módena

Este próximo 14 de junio el Che cumpliría noventa años. Murió combatiendo a los treinta y nueve en la amada Bolivia. Había nacido en Rosario, Provincia de Santa Fe, en 1928. Se crió de niño, con asma, en Alta Gracia, Provincia de Córdoba. E inició su viaje a la inmortalidad de los grandes de la Historia del Hombre. Argentino, cubano, latinoamericano y ciudadano del mundo. Aunque lo de ciudadano le quedó chico. Revolucionario internacionalista proletario como Lenin le cuadra mejor a su mejor definición. Porque como él mismo decía, el ser revolucionario es el eslabón más alto de la condición humana.

Fidel lo dijo en la Plaza de la Revolución de la Habana, el 18 de octubre de 1967, cuando anunció al pueblo de Cuba y al mundo la confirmación oficial de su muerte en Bolivia: “Che se ha convertido en un modelo de hombre no solo para nuestro pueblo, sino para cualquier pueblo de América Latina. Che llevó a su más alta expresión el estoicismo revolucionario, el espíritu de sacrificio revolucionario, la combatividad del revolucionario, el espíritu de trabajo del revolucionario, y Che llevó las ideas del marxismo-leninismo a su expresión más fresca, más pura, más revolucionaria. ¡Ningún hombre como él en estos tiempos ha llevado a su nivel más alto el espíritu internacionalista proletario! Y cuando se hable de internacionalista proletario, y cuando se busque un ejemplo de internacionalista proletario, ¡ese ejemplo, por encima de cualquier otro ejemplo, es el ejemplo del Che!”.

Empero el Che era también argentino hasta los tuétanos. Le gustaba el asado, el futbol y el mate amargo, como cuando en su Mensaje a los Argentinos del 25 de mayo de 1962 nos decía: “Eso compañeros, el que se repita la experiencia histórica del 25 de mayo en estas nuevas condiciones, depende nada más que del pueblo argentino y de sus dirigentes, es decir, depende de ustedes en cuanto a pueblo y en cuanto a dirigentes; de tal manera que también una gran responsabilidad cae sobre ustedes: la responsabilidad de saber luchar y de saber dirigir a un pueblo que hace tiempo está expresando en todas las maneras concebibles su decisión de destruir las viejas cadenas y de liberarse de las nuevas cadenas con que amenaza amarrarlo el imperialismo. Tomemos pues el ejemplo manido de Mayo, el ejemplo tantas veces distorsionado de Mayo”.

Tanta vigencia no puede concebirse sino en el marco de nuestra renovada lucha contra la actual reacción oligárquico-imperialista-neoliberal que se cierne sobre nuestra Patria. El Che nos convoca, el Che nos llama siempre a luchar, el Che nos interpela siempre, como Marx, como Engels y como Lenin, a combatir al capitalismo, al imperialismo, al neoliberalismo. La misma lucha de siempre, la de generaciones de revolucionarios, la de miles y millones de camaradas anónimos.

Millones y millones de obreros, campesinos, intelectuales, mujeres y hombres, niños y viejos de todos los tiempos y continentes del mundo han sido, son y serán como el Che. Claro que ninguno de nosotros se animaría a la tremenda proeza de ser como él a carta cabal. Pero todos somos un poco de él. Cada cual con sus virtudes y debilidades. Un poco que entre tantos es bastante. Una construcción colectiva. De eso se trata la idea de nuestro Partido, la de la unidad frentista de los que estamos, estuvimos y estaremos siempre con la causa del Che, que no fue otra que la causa de la liberación de los pueblos, de la justicia social y del socialismo.

Somos comunistas y somos kirchneristas por convicción del proceso histórico nacional, desde la “primera hora” del 2003, como suele decirse.

Y también, siempre, con la mano abierta y el brazo extendido a todos los amigos e hijos del pueblo que entiendan y quieran abrazar la misma causa. Esa causa que por tan repetida no deja de ser tan necesaria: la causa de la liberación nacional y del camino argentino al socialismo que nos inspiraron el Che, Fidel y los inolvidables camaradas Victorio Codovilla y Jorge Pereyra.

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