CENTENARIO DE LA REFORMA UNIVERSITARIA: La hora americana

CENTENARIO DE LA REFORMA UNIVERSITARIA: La hora americana

CENTENARIO DE LA REFORMA UNIVERSITARIA

La hora americana

Por Rodolfo G. Módena

El 15 de junio de 1918 se inició, en Córdoba, el gran movimiento estudiantil conocido como la Reforma Universitaria. Una verdadera reforma revolucionaria en sentido dialéctico.

Son archiconocidas las reivindicaciones programáticas que se plantearon para la educación superior argentina, como la autonomía universitaria, la cátedra libre, la extensión universitaria y el cogobierno tripartito. Reivindicaciones por las cuales los comunistas argentinos hemos luchado por décadas y por generaciones, de manera inclaudicable. Pero no son tan conocidos sus contenidos más profundos en lo ideológico y político que, aunque aún imprecisos, las más de las veces han sido ninguneados por los cultores dogmáticos de la democracia liberal, formal y burguesa, reformistas en el peor sentido oportunista, posibilista o vergonzante del término. Nuestra reivindicación del sentido democrático de la Reforma está indisolublemente ligada al necesario contenido popular de la educación y de la democracia misma, así como a su proyección antimperialista y revolucionaria.

Hace cien años, una generación lanzaba su grito emancipador: “La juventud argentina de Córdoba a los hombres libres de Sudamérica. Hombres de una República libre, acabamos de romper la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana.” Así rezaba el Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria, dado a luz el 21 de junio de 1918, redactado por el nunca suficientemente recordado Deodoro Roca.

Habían pasado apenas unos ocho meses del triunfo de la Gran Revolución Socialista de Octubre en Rusia y seis meses de la fundación del Partido Comunista de la Argentina, dos acontecimientos históricos insoslayables para entender aquellas “resonancias” revolucionarias en el ideario de los universitarios de esos días. Así también hay que interpretar el sentido latinoamericanista y antimperialista de la “hora americana”.

Aquel grito de rebeldía se escuchó en toda la Patria Grande. La Reforma pronto se expandió por todas las universidades argentinas de entonces y por las principales universidades del continente, forjando en su fragua grandes intelectuales revolucionarios y comunistas latinoamericanos como los argentinos Aníbal Ponce (ver “El año 1918 y América Latina”, “Condiciones para la Universidad libre”, “Educación y lucha de clases”, etc.) y Héctor P. Agosti (ver “Pasado y futuro de la Reforma Universitaria”, “Crítica de la Reforma Universitaria”, etc.), sin olvidar a su maestro José Ingenieros. El gran peruano José Carlos Mariátegui (ver “La Reforma Universitaria. Ideología y reivindicaciones” en “Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana”) y el inolvidable cubano Julio Antonio Mella (ver “Manifiesto de la Federación Estudiantil Universitaria de La Habana”), fundadores del Partido Comunista Peruano y del Partido Comunista Cubano respectivamente.

Hoy en la Argentina, la miserable declaración de la gobernadora María Eugenia Vidal, contra la proliferación de universidades públicas y gratuitas gestadas por el kirchnerismo, no hace sino avivar la llama del ideario de la Reforma en la resistencia a la brutalidad neoliberal.

A cien años de la Reforma Universitaria, las mismas banderas siguen siendo enarboladas por quienes luchamos por el proyecto nacional, popular, democrático, latinoamericanista y antimperialista que pugna, en nuestro país y en la Patria Grande, por abrirse paso frente al imperialismo yanqui, el capital financiero transnacional y las oligarquías vernáculas Una misma lucha histórica necesaria, atravesando los tiempos y las generaciones, surcando nuestra Argentina y nuestra América Latina, y todos los países y los continentes de nuestro mundo.

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