La prepotencia imperialista es impotencia

Culminando el primer cuarto del siglo XXI, el único balance de la globalización neoliberal (que es imperialismo senil, como decía Samir Amin) es que en proporción hay menos ricos cada vez más ricos, más pobres cada vez más pobres, y una tendencia autodestructiva cuyo único horizonte previsible es un mundo al estilo del futurismo catastrófico con que nos obsequia Hollywood. El portaaviones estacionado a las puertas de Venezuela, los asesinatos sistemáticos de pescadores y el ultimátum prepotente a Maduro son la prueba fehaciente de su impotencia política y económica y la ausencia absoluta de cualquier proyecto que pudiera ofrecer a los pueblos (incluido el yanqui) algún futuro.

Según el último informe de OXFAM, el porcentaje de la población mundial que vive debajo del umbral de pobreza (6,85 dólares diarios) es del 44%. En el otro extremo, el 1% más rico del Norte Global posee el 45% de la riqueza total. ¿Ese 1% obtuvo su riqueza y la incrementó aumentando la producción, mejorando la vida de la humanidad, creando mayores riquezas y bienestar para los pueblos? No. El Sur Global transfirió a ese 1% más de 30 millones de dólares por hora, mayormente a través de esquemas de deudas públicas o privadas con el capital financiero, poder de monopolio o saqueo liso y llano.

Enfrente, la superioridad económica de la República Popular China y la potencia geopolítica de sus creaciones regionales y extrarregionales (BRICS, la iniciativa de la Franja y la Ruta, el Banco Asiático, etc.), ya no dejan lugar a dudas en cuanto a uno de los aspectos que Marx, Engels y sus continuadores consideraban esenciales como prueba de la superioridad de un sistema respecto al precedente: el salto adelante en el desarrollo de las fuerzas productivas. Tomemos algunos datos de dos trabajos del marxista británico Michael Roberts: “La producción industrial china pasó de representar aproximadamente el 70% de la estadounidense en 2008 a superarla ampliamente, alcanzando el 140% en 2019. En los doce años previos al estallido de la pandemia, la producción industrial china creció un 150%, mientras que la estadounidense solo un 25%. Con el 19% de la población mundial, ningún país ha crecido tan rápidamente. A principios de la década de 1980, tres cuartas partes de la población mundial vivían mejor que el chino promedio. Ahora, solo el 31% lo hace. En 2010, 87 países tenían un producto interno bruto (PIB) per cápita superior al de China, pero 83 tenían uno inferior. Este es un logro sin precedentes. Incluso si el crecimiento económico real promedio de China se desacelerara a partir de ahora hasta cerca del 5% anual, en lugar de la expansión cercana al 10% del pasado, la brecha con las economías del G7 seguiría reduciéndose. La población activa de China alcanzó su punto máximo, pero todavía quedan cientos de millones de trabajadores rurales y campesinos por incorporar al sistema industrial; y China sigue absorbiendo todas las materias primas del mundo que necesita para sostener su expansión (…) “China es excepcional en la historia del desarrollo económico de los últimos 250 años, superando incluso los milagros económicos anteriores de Japón o Corea. La participación de China en el ingreso mundial aumentó de menos del 4% en 1968 a cerca del 20% en 2021, la mayor parte después de 2002. Su participación explica por sí sola el 87% de la disminución total de la participación de las economías avanzadas en el período 1980-2015. India ni se acerca. Como resultado de este crecimiento excepcional en producción e ingresos, casi 900 millones de chinos han salido de la pobreza (o 1,90 dólares al día, según la definición del Banco Mundial (2016)), mientras que otras grandes economías ‘en desarrollo’ han avanzado poco. Un indicador clave del desarrollo humano es la esperanza de vida. La esperanza de vida promedio en China es ahora de 77 años, cuando en 1960 era de tan solo 44 años. Se está acercando a la de EE.UU., donde se ha registrado un descenso desde el fin de la Gran Recesión. Además, China ha superado a todas las demás economías emergentes consideradas grandes. El Banco Mundial cuenta con un Índice de Desarrollo Humano (IDH), que ‘es una medida resumida del logro promedio en dimensiones clave del desarrollo humano: una vida larga y saludable, acceso al conocimiento y un nivel de vida digno’ (PNUD, s.f.). El IDH de China se situaba un 17% por debajo del promedio mundial en 1990. Alcanzó el promedio mundial en 2010 y, justo antes del inicio de la pandemia de COVID-19, se encontraba un 3% por encima, alcanzando el 85% del promedio de la OCDE.” Y aún así, todavía transfieren cuantiosas riquezas al Norte Global.

La suerte está echada. La pregunta es cuán larga será esta transición a un nuevo orden mundial multipolar, donde lo que se expande, crece y desarrolla es una nueva forma de vincularse entre estados-nación y agrupamientos regionales.

Lo que está en juego es nuestra supervivencia, retomando el camino de la unidad latinoamericana que tuvo su punto más alto en la concreción de UNASUR y su Consejo de Defensa, junto a un Mercosur ampliado y el ALBA. El objetivo del imperialismo es terminar de desmantelar todo lo que pueda servir a esa reconstrucción. El enemigo imperialista nos considera su retaguardia estratégica, tenemos un horizonte marítimo de miles de km, el control del único paso interoceánico natural e innumerables riquezas que quieren explotar para sí, evitando además que ayuden al desarrollo de los proyectos de la multipolaridad. Y si aun así sucede, hacer los negocios ellos, con algunos lacayos locales como gerentes: CEOs de corporaciones supuestamente “nacionales”, pero controladas por los grandes fondos globales de inversión, como ya ocurre.

Empezaron por la salud, la educación, la obra pública y ahora van de frente contra la estructura e infraestructura y preventivamente, contra el movimiento obrero, antes de que la respuesta organizada se haga sentir.

Urge organizar la resistencia en cada lugar, e ir elaborando un programa de fondo que la exprese y que nos ponga definitivamente en camino hacia la segunda y definitiva independencia.