EL IMPERIALISMO EN DECADENCIA

Crónica de una muerte anunciada

Uno de los elementos que suele pasarse por alto cuando se habla de dialéctica, es que ninguna forma es sustituida por otra superior hasta que agota todas sus posibilidades, en cuyo proceso de agotamiento se va metamorfoseando. El sistema del imperialismo globalizado durante este siglo entró en su última fase decadente, entre otras cosas porque en su necesidad de expansión para mantener su dinámica esencial (la maximización de las ganancias) se desindustrializó, mientras industrializaba a los países del sur global como forma de incrementar su tasa de ganancia. China aprovechó ese proceso, y se industrializó aceleradamente, manteniendo su sistema de gestión estatal basado en la larga tradición confuciana, las ideas universales del marxismo-leninismo y su desarrollo particular para China en base a las conclusiones de Deng Xiaoping y sus sucesores. 

Vivimos ahora la superación del sistema imperialista a manos de un sistema socialista que no es exactamente el que podían prever los clásicos, sino el resultado de la práctica concreta de las naciones, sus clases dirigentes y sus pueblos. Es la síntesis del desarrollo tecnológico avanzado, la ambición capitalista y la resolución de los problemas del crecimiento chino que sumó el análisis crítico de la experiencia soviética y sus dificultades. Porque lo que China consume actualmente no es otra cosa que lo que se propusieron los soviéticos ya desde Lenin y la victoria bolchevique: la construcción en su país de un nuevo sistema que tenía que demostrar su superioridad en la coexistencia pacífica y la emulación económica entre sistemas. Un error que corrigieron los chinos, creemos, es el de considerar los dos sistemas mecánicamente opuestos y antagónicos, y no como en realidad es: una oposición dialéctica en el seno de un mismo proceso, que aún hoy sigue siendo un mundo globalizado capitalista del que surge su opuesto antagónico usando algunas de sus mismas premisas. No es paradójico que sea China la abanderada del libre comercio mundial y EE.UU. el que regrese a un nacionalismo chauvinista de fronteras cerradas. Esa confrontación está saldada.

En ese proceso dialéctico que mencionamos, por ubicación geográfica e influencia ideológica del actual gobierno, hoy somos parte de lo que agoniza. En Argentina, Milei expresa descarnadamente un pensamiento colonizado encarnado ideológicamente con lo que muere. En las actuales circunstancias, aún ésta débil pantomima de democracia en un país nominalmente independiente es demasiado para el imperialismo en retirada. No está escrito que la Argentina que conocemos sobreviva. Es tarea del campo nacional y popular lograrlo. Nada será resuelto por nadie más.

La rigidez seudo revolucionaria -muy parecida al rigor mortis- de quienes se dicen izquierdistas (y así son ensalzados por todos los medios) solo conduce al oportunismo verborrágico y su claudicación ante las prebendas clientelistas. Son la oposición del sistema, no la oposición al sistema. Otros sectores, más o menos camuflados, solo buscan su mejor oportunidad para negociar con el imperialismo su rendición en mejores condiciones y llevarnos a una nueva decepción.

Los comunistas estamos ante el deber de asimilar las herramientas teóricas y políticas más avanzadas de la humanidad -el marxismo, el leninismo y sus desarrollos posteriores- para estudiar, aprender, dominar esas herramientas para conocer a fondo nuestra patria, nuestro pueblo y sus necesidades más acuciantes, y aportar a la organización y lucha del pueblo, del campo nacional y popular del que somos parte para conocer, aislar y señalar claramente al enemigo principal y mejorar la eficacia de nuestro accionar.

Solo el pueblo, consciente, organizado y actuando con independencia de todos los factores de poder del sistema colonial en que aún estamos, puede dar cima a la aún pendiente tarea de nuestra segunda y definitiva independencia.