EN DEFENSA DE LA PATRIA Y LA SOBERANÍA

Unidad y coordinación de las luchas

Hace por lo menos una década, un alto funcionario del Pentágono expuso un plan de agresión por etapas que comenzaría por Siria, luego Venezuela, y posteriormente Irán como llave para ir por el objetivo estratégico del imperialismo: la capitulación de Rusia primero y el cerco sobre la República Popular China después. Esto permite analizar con objetividad el devenir de los acontecimientos durante los primeros meses de este año, que no se explican por los arrebatos de Donald Trump (más allá de sus excentricidades) sino que corresponden a un camino trazado por la oligarquía financiera transnacional norteamericana para recuperar posiciones en un contexto de creciente debilitamiento de su hegemonía unipolar, tendencia que se ha consolidado durante los últimos años. Irán es el principal proveedor de crudo de China, y controla el Estrecho de Ormuz, por cuyas rutas marítimas se mueve el 20% de todos los suministros de petróleo y un porcentaje similar de los buques cisterna de gas de todo el mundo.

El 28 de febrero los yanquis junto al Estado sionista de Israel comenzaron un ataque sobre la República Islámica de Irán. Asesinaron a su líder político y religioso, Ayatolá Alí Khamenei, además de destacados funcionarios del gobierno iraní, sus fuerzas armadas, y de la guardia revolucionaria. También bombardearon a la población civil, entre ellos un establecimiento escolar, donde masacraron a por lo menos 150 niñas. “No albergo la menor duda de que un ataque de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán se tornaría inevitablemente en un conflicto nuclear global”, advirtió el compañero Fidel en el año 2010. Lo cierto es que estamos ante un escenario imprevisible, muy diferente a los que asistimos en las últimas décadas ante otras confrontaciones bélicas. Irán no se va a someter.

Nuestro país constituye un enclave relevante dentro del mapa de dominación de los yanquis en América Latina, en particular por los recursos estratégicos que la Argentina posee. El programa de saqueo y entrega instrumentado por Milei desde su asunción se dicta desde la Casa Blanca. Durante las últimas semanas se evidenció con crudeza el desmantelamiento del complejo industrial en nuestro país, que dejó a 290.000 trabajadores en la calle en dos años. Un bombardeo sin bombas. Es el resultado del “reconversión o muerte” planteado desde el Ejecutivo. La escaramuza de Milei con Paolo Rocca (Techint) y Madanes (Aluar) expresa la discusión respecto a los alcances de un modelo que nos conduce a la disolución nacional. Los popes de las grandes empresas están preocupados por la continuidad de sus negocios, no es una disyuntiva moral. De hecho, son ellos los redactores de la reforma laboral esclavista sancionada días atrás en ambas cámaras del Parlamento.

La resistencia en las calles estuvo encabezada por un conjunto de gremios de la CGT y las CTA agrupados en el FRESU, además de organizaciones políticas y movimientos sociales. El despliegue represivo buscó la desmovilización, sin embargo una multitud de trabajadores se movilizó durante tres jornadas mientras se trataba el proyecto de ley. Esta circunstancia nos obliga a observar los cambios operados en el seno de la clase obrera durante la última década en particular, donde una porción muy significativa de laburantes no tuvo acceso nunca a un salario registrado, aguinaldo, vacaciones u obra social. La lucha por los derechos laborales conquistados les resulta un poco ajena. La flexibilización existe de hecho, más aún en un contexto de cierre de empresas y cientos de miles de desocupados. El voto a Milei también debe ser explicado desde esta perspectiva, él fue quien supo canalizar ese descontento. La lucha de clases adquiere entonces nuevas formas, atomizadas y dispersas en muchos casos, por eso es fundamental buscar los caminos para que puedan confluir en un solo torrente. Por otra parte, no podemos hablarle solo a una minoría activa organizada.

La discusión sobre los dos proyectos se encuentra más vigente que nunca. Los yanquis (a través de Milei) nos van a someter a un status colonial. El campo popular en todas sus expresiones, incorporando también a aquellos sectores que (aún expresando otros intereses de clase) no están dispuestos aceptar el desgranamiento de nuestra nación, debe ser capaz de construir una alternativa política amplia en defensa de la patria y la soberanía, porque es lo que verdaderamente está en juego.