GUERRA ABIERTA EN MEDIO ORIENTE
Imperialismo o humanidad
El mundo ha ingresado en un camino muy sinuoso, consecuencia del accionar fascista del imperialismo norteamericano. Con la agresión a la República Islámica de Irán los yanquis desempolvaron la definición de los “ataques preventivos” inaugurada por George W. Bush en 2001, cuando anunciaron la decisión de imponer su poderío militar en “cualquier oscuro rincón del mundo”. Transcurridos 25 años desde aquellos acontecimientos, los Estados Unidos acabaron empantanados en Irak y en Afganistán, desmembraron Libia según sus pozos petroleros y finalmente lograron colocar un gobierno títere en Siria, conformado por otrora integrantes del Estado Islámico. En junio del 2025 atacaron Irán junto al Estado de Israel iniciando un conflicto armado que duró 12 días. Trump dio por concluida intempestivamente la agresión cuando observó la disposición de los iraníes de resistir. Meses después promovieron un movimiento desestabilizador con epicentro en la capital, Teherán, desplegando las técnicas ya conocidas de las “revoluciones de colores”, con un rol decisivo de los medios de comunicación y redes sociales. Tampoco prosperó. A través de la OTAN, en el 2022 involucraron a la Federación Rusa en una guerra utilizando a Ucrania como factor de provocación. Vladimir Putin supo encapsular el conflicto y prolongarlo, al tiempo que fue ocupando posiciones en la región del Donbás. La República Popular China mantiene neutralizadas las provocaciones originadas desde Taiwán, a lo que se suma ahora un belicismo renovado de la primera ministra de Japón. El elemento que enhebra esta breve descripción es la declinación objetiva de la hegemonía estadounidense a nivel global, fundamentalmente en el plano económico. Más débiles, más peligrosos. Desde ya, múltiples factores inciden en esta coyuntura, pero elegimos concentrarnos en la tendencia principal.
La República Islámica de Irán se preparó durante décadas para este escenario. Las acciones adoptadas desde el pasado 28 de febrero lo evidencian. Dejaron en claro que, con el asesinato selectivo del Ayatolá Alí Khamenei, los Estados Unidos e Israel cruzaron el Rubicón. 174 ciudades iraníes fueron agredidas hasta el momento. La primera respuesta de la nación persa estuvo orientada a inutilizar todas las bases militares donde se apoyan los yanquis en Medio Oriente. Toda esa infraestructura es ahora obsoleta. La oleada de ataques alcanzó a Bahréin, Irak, Jordania, Kuwait, Omán, Qatar, el Reino de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. También al portaaviones USS Abraham Lincoln. Esto explica por qué Estados Unidos comenzó a presionar a los europeos para utilizar sus bases (lo que significaría involucrarlos directamente en el conflicto). España negó de plano esa posibilidad, Gran Bretaña dijo sí pero no, Francia amaga con intentar reabrir mediante el envío de busques el Estrecho de Ormuz (que Irán mantiene cerrado) y Alemania solo ofreció, hasta ahora, mensajes de apoyo a su homólogo norteamericano.
Al cierre de esta edición, Irán lanzó 17 oleadas de misiles de diferente sofisticación hacia diferentes puntos estratégicos de Oriente Medio, incluida la refinería de petróleo más grande del mundo en Arabia Saudita y una de las plantas de insumos agrícolas más importantes a nivel global, situada en Qatar. El principal objetivo es Israel, cuya cúpula de hierro comienza a colapsar. Desde El Líbano y Yemén se respalda la ofensiva iraní. La agresión yanqui también movilizó la ira de los pueblos chiitas. Irán no apuesta a un golpe maestro contra Israel, sino a una presión constante y medida en toda la región. Israel se encuentra sometida a una “llovizna persistente”, con el propósito de mantener las alertas activas, forzar a las defensas a operar sin descanso y transformar cada jornada en un desgaste continuo. Misiles hipersónicos, misiles balísticos, misiles de crucero y drones son lanzados diariamente. Irán está utilizando en primer término los misiles más antiguos y drones de bajo costo para forzar a sus enemigos a emplear interceptores caros y limitados. Sistemas como Thaad, Arrow y David’s Sling implican inversiones millonarias y una reposición lenta. El intercambio es asimétrico. El trasfondo no es solo militar, sino económico y psicológico. Teherán se prepara para una contienda prolongada, donde el impacto acumulado pese más que el golpe inicial. El impacto global (en el precio de los combustibles y alimentos) es un capítulo aparte.
La guerra ya es regional, y puede globalizarse. Ahí ingresa el peligro de una confrontación nuclear. El devenir histórico del imperialismo (hoy en crisis) pone en riesgo la existencia misma de la humanidad. Trump se apuró en declarar que Irán está dispuesta a negociar. Falso. ¿No serán los yanquis los buscan ahora desescalar un conflicto que quedó fuera de su control, donde ya se contabilizan 500 bajas norteamericanas? No sería correcto aventurar, lo cierto es que estamos ante un escenario nuevo, peligroso e imprevisible. Alguien tiene que parar al imperio asesino de niños.






































