CRECE LA RESISTENCIA EN LAS CALLES

Argentina no va a ser una neocolonia

Javier Milei vino a reestablecer el mismo proyecto de entrega nacional que en los años 90 inició Carlos Menem, interrumpido en el 2003 con el ascenso al gobierno de Néstor Kirchner primero y Cristina Fernández de Kirchner después. El breve paréntesis de Macri en 2015 no llegó a afirmarse aunque, tras la frustración generada por Alberto Fernández, recuperó nuevos bríos con la llegada del libertario en diciembre de 2023. La Argentina se encuentra hoy a merced del capitalismo monopolista transnacional, gestor de la política neoliberal del imperialismo norteamericano concebida luego de la desaparición de la Unión Soviética y el campo socialista, la única fuerza que durante más de 70 años logró establecer un equilibrio estratégico en el mundo y sopesar las pretensiones hegemonistas y unipolares de los Estados Unidos. Hoy ese muro de contención lo vuelven a reconstruir la República Popular China, la Federación Rusa y el conjunto de países que, desde los BRICS+, adhieren a la pelea por un orden multipolar.

El DNU 70 y la Ley de Bases que se discute en el Parlamento (con media sanción en Diputados) legalizan enormes retrocesos en materia fiscal, en la legislación laboral y previsional, además del remate de empresas públicas y el saqueo de nuestros recursos naturales. Vuelve a sobrevolar el proyecto de un país partido en cinco regiones, y la desposesión del petróleo, el gas, el litio, los minerales raros, el agua dulce, etc. Milei pretende subordinar nuestra defensa nacional a la OTAN y relegar a las fuerzas armadas a funciones de seguridad interior. O sea que el Estado (reducido al extremo) sólo conserva sus atribuciones represivas. “Más que anarcocapitalismo, me parece que suena a anarco-colonialismo”, afirmó la compañera Cristina en su destacada intervención en Quilmes, que abordamos en profundidad en esta edición de Nuestra Palabra. ¿Quiénes redactaron el DNU, la Ley Omnibus y la Ley de Bases? Los abogados de los fondos de inversión que controlan los monopolios, las transnacionales, las concesionarias de la energía, los bancos. Estos son los verdaderos artífices de esta remake neocolonial de los 90. Milei es el encargado del trabajo sucio al servicio de estos intereses extranjeros.

La actividad económica arroja en marzo un desplome interanual de entre 10% y 15%, el mayor retroceso desde el inicio de la cuarentena por el COVID-19. La contracción acumulada para el primer trimestre rondaría el 7%. Mientras, los funcionarios del gobierno festejan la “desaceleración” del índice de inflación, pero lo cierto es que en los primeros meses del año 2024 las subas se concentraron en productos de la canasta básica, muchos de los cuales tuvieron un incremento superior al 130 por ciento entre diciembre y marzo. Un salario medio registrado pasó de encontrarse 15 por ciento sobre la línea de pobreza a 10 por ciento por debajo. Tarifas, alquileres, prepagas, combustibles y transporte público conforman un verdadero robo de los ingresos de las mayorías. El impacto sobre el empleo es masivo, debido a una caída del consumo tan extendida que pone en riesgo la existencia de miles de pymes e industrias. Por eso resulta tan llamativo el regodeo oficial en torno al mentiroso (y aun así, insignificante…) superávit fiscal declamado. Mientras, le siguen suplicando al FMI por dólares que no llegan, y le ruegan a China que renueve el swap; caso contrario tendrán que cancelar el primer tramo en mayo, un monto que oscila los 5000 millones de dólares. 

A Milei se le van acumulando los problemas, algunos de proporciones. La histórica movilización en defensa de la universidad pública frente al brutal ajuste implementado constituye un hito. En su heterogénea composición, hubo un segmento enorme de sus votantes. Lo cualitativo además es que a las luchas que viene impulsando el movimiento obrero se suma el movimiento estudiantil, masivamente. Con sus reivindicaciones, sus intereses específicos, que chocan objetivamente con el despliegue neoliberal en curso. Es necesario entonces comprender que será necesaria la más amplia unidad para resistir y derrotar las políticas que ponen a nuestro país en peligro de disolución, bancando con decisión a aquellos compañeros y compañeras de nuestro espacio político que tienen que gobernar en condiciones realmente complejas, en particular el compañero Axel Kicillof, gobernador de la provincia de Buenos Aires.

Tenemos que resistir los embates y al mismo tiempo ir concibiendo la salida política frente a un saqueo insostenible. El rol estratégico de Cristina, como siempre, resulta determinante.