Luego de la contundente victoria del Movimiento al Socialismo (MAS) en las elecciones generales del 20 de octubre, el país hermano comenzó a sufrir una escalada de violencia fascista que culminó con un criminal golpe de Estado con consecuencias aún impredecibles.

A partir de la victoria del MAS con el 47,08% de los votos frente al 36,51% del neoliberal Carlos Mesa, la oposición se negó a aceptar los resultados y comenzó una escalada de violencia exigiendo nuevos comicios. A pesar de las circunstancias, el gobierno se negó a reprimir y decidió llamar a la Organización de Estados Americanos (OEA) para realizar una auditoría de los resultados y apaciguar la situación. Desde la oposición, liderada por el oligarca Fernando Camacho, presidente del Comité Cívico pro Santa Cruz, y el neoliberal Carlos Mesa, calificaron la auditoría de “inconsulta” y exigieron la anulación de todo el proceso electoral. Finalmente, el 10 de noviembre, en un informe preliminar lleno de fraseologías, pero ninguna prueba concreta, la OEA planteó la existencia de irregularidades en el proceso: “Resulta improbable estadísticamente que Morales haya obtenido el 10% de diferencia para evitar una segunda vuelta”, manifestaron, a la vez que recomendaron que se repitan los comicios. Es decir, el organismo aceptó el triunfo de Evo en las elecciones, solo que puso en duda la diferencia de diez puntos. Evo acusó a la comisión de haber tomado una “decisión política” pero aceptó la repetición de las elecciones y la renovación total del Tribunal Supremo Electoral.

Esto era justamente lo que “reclamaba” la oposición desde un principio, sin embargo, decidieron desconocer el llamado a nuevas elecciones y profundizar la estrategia golpista exigiendo la renuncia de todo el gobierno. Antonio Pumari, dirigente del Comité Cívico de Potosí y aliado de Camacho, pidió al ejército y a la policía “que salgan de una vez por todas”. La policía acató y comenzó a amotinarse en los cuarteles, mientras la oposición redoblaba la violencia incendiando casas de dirigentes del MAS y de sus familiares; secuestrando autoridades; amenazando a militantes; golpeando a indígenas en la vía pública por el solo hecho de ser indígenas. Incluso atacaron a la prensa estatal destruyendo sus instalaciones. A la vez, Fernando Camacho, ahora ya la cara principal del golpismo, ingresó de forma ilegal al Palacio Quemado, ex sede de gobierno, donde depositó en el suelo una bandera de Bolivia debajo de una biblia, y una carta de renuncia para Evo Morales. En pleno espectáculo, mercenarios racistas quitaron del palacio la bandera Wiphala, emblema nacional que representan a los pueblos originarios, y la incendiaron en la vía pública.

Las víctimas fatales por enfrentamientos sumaban cuatro, y ante el amotinamiento policial, había llegado el momento de que el ejército restableciera el orden deteniendo a las bandas fascistas. La respuesta del ejército, en palabras de su comandante Williams Kaliman, fue la siguiente: “Luego de analizar la situación conflictiva interna, sugerimos al presidente del Estado que renuncie a su mandato permitiendo la pacificación y el mantenimiento de la estabilidad por el bien de nuestra Bolivia”. Es decir, le negaron el respaldo al presidente Evo, a su comandante en jefe, abandonando su custodia y dejando vía libre a los fascistas para seguir destrozando y agrediendo.

Así, luego de tres semanas de violencia contra la victoria democrática del MAS, y tras la traición de las Fuerzas Armadas y la policía nacional, el golpe de Estado finalmente se consumó y el compañero presidente Evo Morales Ayma se vio obligado a renunciar. “Renunciamos para que no sigan quemando casas, intimidando a nuestras familias y amenazándolas”, dijo Evo desde el Chapare, uno de los bastiones del MAS. Junto con Evo renunciaron el vicepresidente, Álvaro García Linera, funcionarios del gobierno y legisladores. Las renuncias fueron seguidas por una cacería ilegal contra las autoridades del Tribunal Supremo Electoral, que fueron detenidas y esposadas, y contra dirigentes y simpatizantes del gobierno. Evo y la cúpula de gobierno tuvieron que esconderse para evitar ser asesinados. Mientras tanto, el ejército y la policía salían de forma descarada a reprimir al pueblo que comenzaba a alzarse.

Los primeros apoyos internacionales hacia el presidente Evo vinieron del lado de los gobiernos y líderes populares de Latinoamérica: Lula, Cristina, Alberto, Maduro, Correa, Diaz-Canél, entre otros. Tampoco faltaron los apoyos de los gigantes mundiales: Rusia y China Popular. Del otro lado, los primeros en negar el golpe (y apoyarlo en la práctica) fueron los gobiernos de Macri en Argentina y de Trump en Estados Unidos. El gobierno de México, además de condenar el golpe, ofreció asilo político a 20 dirigentes oficialistas, incluido Evo Morales, el cual finalmente aceptó y fue rescatado.

Con el liderazgo del MAS en el exilio y un vacío de poder total, ahora se abre un escenario de incertidumbre e interrogantes: desde quién asumirá el gobierno; cuándo y cómo serán las elecciones (si es que las hay); y que sucederá con el principal partido político del país, el Movimiento al Socialismo, el cual Camacho quiere ilegalizar. Elecciones sin el MAS no serían legítimas y la mayoría de la Asamblea Legislativa sigue en manos del partido de Evo. La otra pregunta es ¿qué harán los movimientos sociales, los campesinos, la central obrera? Desde varios sectores del pueblo profundo, con la ciudad de El Alto como vanguardia, ya se registran alzamientos, paros y protestas masivas en defensa del proceso de cambio; proceso que supo poner a Bolivia de pie y empezar a romper las cadenas de la dependencia y el subdesarrollo al que por siglos fue sometida.

EVO MORALES AYMA

«El Proceso de Cambio es del pueblo boliviano. Mineros, campesinos y humildes dieron su vida por la democracia que ahora está en peligro ante el ataque de grupos fascistas y golpistas. Convoco a nuestro pueblo, a hermanas y hermanos que sienten amor por la Patria, a defender unidos nuestra democracia y la convivencia pacífica.”

«Hemos estado en el Gobierno 13 años, nueve meses y 18 días gracias a la unidad y voluntad del pueblo. Nos acusan de dictadura los que perdieron ante nosotros en tantas elecciones. Hoy Bolivia es una Patria libre, una Bolivia con inclusión, dignidad, soberanía y fortaleza económica.”

«Mesa y Camacho, discriminadores y conspiradores, pasarán a la historia como racistas y golpistas. Que asuman su responsabilidad de pacificar al país y garanticen la estabilidad política y convivencia pacífica de nuestro pueblo. El mundo y bolivianos patriotas repudian el golpe.”

«Ahora que hemos salvado la vida, muchas gracias al pueblo boliviano y al pueblo mexicano. No daremos ni un paso atrás ante los racistas y golpistas. Hoy vemos quienes son verdaderos enemigos de nuestro pueblo. Mientras tenga vida, la lucha sigue. ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!”

«Este golpe de Estado ni los atentados contra mi vida me harán cambiar de ideología. Seremos siempre antiimperialistas. Esta es una lección más para aprender y fortalecer las luchas por soberanía, inclusión, dignidad y libertad con identidad de los pueblos en Bolivia y el mundo.”

«Pensé que habíamos terminado con la opresión, la discriminación y la humillación a los más pobres, a los indígenas. Pero surgen grupos que no respetan la vida y menos la Patria. Si algún delito he cometido es ser indígena y haber luchado para sacar de la pobreza a mi pueblo.”

ÁLVARO GARCÍA LINERA

El golpe de Estado se ha consumado, quiero que sepa el pueblo boliviano que hemos tomado esta decisión para que no se use la violencia por parte de estas fuerzas agresivas contra el pueblo, para que no maltraten a más familias.”

Nuestro presidente toma la decisión y yo también, soy su vicepresidente y le he sido leal y me siento orgulloso de haber sido vicepresidente de un indígena, un campesino y le será siempre leal, acompañándolo en buenas y malas.”

Siempre estaremos del lado del más humilde. No los vamos a dejar solos. Y estoy seguro que, más temprano que tarde, nuevamente Bolivia levantará cabeza. Es un momento triste y aciago, pero la democracia del pueblo volverá a reestablecerse.”

Evo es pueblo

Amparados en la determinación de la OEA de desconocer el escrutinio de las elecciones generales en Bolivia, que determinaron el triunfo por más de 10 puntos de Evo Morales Ayma, los sectores más retardatarios y fascistas del hermano país concretaron el día 10 de noviembre el golpe de Estado.

Evo fue forzado a renunciar a la primera magistratura junto a su vicepresidente Álvaro García Linera. Las arbitrarias detenciones de miembros de su gobierno y el secuestro de familiares de funcionarios gubernamentales, tornó la situación en un peligro cierto de provocar un baño de sangre de incalculable magnitud, para favorecer el apoderarse de los recursos naturales abundantes en Bolivia para sus negocios particulares y concretar el retroceso del formidable proceso de ampliación de derechos iniciada con la asunción del poder por parte de Evo. Quema de whipalas, el asalto a la Casa de Gobierno, Biblia en mano y asegurando que “Nunca más la Pachamama ingresará al Palacio de Gobierno porque Bolivia es de Dios”.

Entre 2006 y 2018, se redujo el analfabetismo del 13% al 2,4%. La desocupación descendió del 9,2 al 4,1%. La pobreza extrema llegó al 15,2% partiendo de un 38,2% en 2006. El PIB creció un 4,6% anual, se redujo la desigualdad un 25% y la inflación descendió a un 1,7% anual.

La nacionalización de los hidrocarburos y el litio generó un fuerte ingreso en las arcas estatales, las que fueron utilizadas para motorizar el crecimiento y fortalecer la distribución del ingreso entre las capas más desfavorecidas de la población, garantizando sueldos y jubilaciones dignas, doble aguinaldo, fuerte fomento de la educación y los avances en la universalización del acceso a la salud gratuita y de calidad para todos los bolivianos.

El “indio”, tal como lo caracteriza la derecha furiosa, racista y de neto corte fascista, fue blanco de innumerables ataques desde la prensa hegemónica, que logró influenciar y tergiversar el resultado del referéndum en base a fake news. Eso, unido al crecimiento del fundamentalismo evangélico pentecostal generó un caldo de cultivo que llegó a su clímax con la rebelión policiaco-militar que hizo insostenible situación.

Como aseguró García Linera: “Cumpliremos el mandato de volver”.