DISTRACCIONES Y DISPUTA DEL SENTIDO COMÚN

Ni tanto, ni tan poco

En esa pelea simbólica, a la que llama “batalla cultural”, van plantando mojones de distinto calibre. Tuvimos el 8 de Marzo, el mismo día de la desbordante convocatoria del Día de la Mujer Trabajadora, el cambio de nombre del Salón de las Mujeres de la Casa Rosada, con el cuadro de Menem incluido. También, el supuesto cierre de organismos como el INADI, TELAM o el Conicet, todos presuntamente ocupados por hordas de orcos kirchneristas y zurdos empobrecedores. El 24 de marzo fue tan rotunda esa Plaza, que no hubo video berreta que le hiciera mella. 

En esta seguidilla, le llegó el turno al Centro Cultural Néstor Kirchner. La disputa por el nombre, por lo que significa, está presente en la sociedad argentina desde 2015 con la inauguración del Centro Cultural en el antiguo edificio del Correo. A los pocos meses asumió Mauricio Macri y se impulsó el cambio de nombre, pero no se consiguió a través del Congreso. Desde 2020, en el hall central del CCK se alzaba una estatua del expresidente Néstor Kirchner, que fue repatriada tras varios años en la sede de la Unasur en Quito, Ecuador. Fue una donación en 2014 del Gobierno de Cristina a ese órgano, del que Néstor fue el primer secretario general. Pero en 2019 el presidente ecuatoriano Lenin Moreno ordenó removerla, y volvió a la Argentina al año siguiente. Finalmente, con la llegada al poder de Javier Milei, se decidió que la estatua fuera trasladada a Quilmes para resguardarla de posibles ataques y vandalismo.

En medio del mayor y más rápido ajuste que ha vivido nuestro pueblo, estas tácticas son leídas como distractivas, una estrategia para desviar la atención. Y por su supuesto cumplen con esta misión, son el circo de los que no le dan pan. Pero apuntan también a reforzar una batalla de ideas que en nuestro país no es nueva. La percepción social se construye por goteo, y las gotas que vienen horadando tienen mucho tiempo, algunas preceden por lejos a la década ganada y otras se instrumentaron durante los gobiernos de Néstor y Cristina. Se reorganizaron y se multiplicaron probando cuál de todas podía generar el impacto deseado. La ruta del dinero K, las excavadoras en la Patagonia, la muerte de Nisman, los bolsos de López y demás figuras de una corruptela sistemática fueron parte del desgaste al que se sometió a los gobiernos kirchneristas, en especial al de Cristina. Esa batalla permanente también cumplió la función de esconder los logros inéditos de la década ganada, así como abrir la puerta a los distintos juicios y denuncias que atravesaron varios funcionarios y la propia compañera.

Así como se mintió hasta el cansancio, entre propios y ajenos, sobre la inflación, la pobreza y el poder adquisitivo de las trabajadoras y trabajadores. La idea de que era necesario un ajuste, que los precios y las tarifas estaban “pisados” es anterior a la llegada de Milei a la Rosada. Fue además esgrimida por parte de quienes estaban en el gabinete de Alberto y sostenida todavía hoy por algunos sectores más o menos cercanos al FdT. La motosierra y la licuadora puede ser novedad, el ajuste no tanto.

Los dichos de Milei y el vocero contra los trabajadores, docentes y la crueldad permanente que manifiestan cada vez que abren la boca y actúan, colabora también a justificar la miseria planificada que están llevando adelante. Desmoralizan, atontan, pretenden desensibilizar a la sociedad para que no haya respuesta. Crean caos y confusión en momentos de crisis económica y turbulencia histórica. La semilla estaba ahí, a fuerza de ocho años de frustración y mucha mentira organizada, y la riegan día a día. Como dice Vergerus en la película El huevo de la serpiente, quizás la más brillante interpretación de los orígenes del nazismo, “liberamos las fuerzas destructoras y controlamos las productivas. Exterminamos lo inferior y aumentamos lo útil”. 

Distracción, batalla de ideas y algunas más.