IA y capitalismo monopolista de estado
Se ha generado mucho revuelo alrededor de las visitas a la Argentina de Peter Thiel, creador de Palantir, cuyo deleznable rol en el Holocausto palestino (continuado ahora en territorio del Líbano) y durante el patético remedo de “guerra” que es la aplicación de similares métodos en Irán, ha desatado por un lado cierta euforia de sus felpudos locales y por otro, prevenciones.
Peter Thiel, así como Mark Zuckerberg (de cuyo Facebook fuera el primer inversor) y el resto de los CEOs de empresas de alta tecnología, no son otra cosa que capitalistas monopolistas en el corazón del imperialismo.
No “han puesto sus tecnologías al servicio del Estado yanqui”: están usufructuando el poder económico del mismo para hacer grandes negociados con los que se apropian una parte de la renta nacional que ese Estado distribuye, desde siempre, al complejo militar industrial, contra el que alertara en su discurso de despedida, el 17 de enero de 1961, el entonces presidente Eisenhower: “En los consejos de gobierno, debemos protegernos de la adquisición de influencia injustificada, deseada o no, por parte del complejo militar-industrial. El potencial de un desastroso incremento de poder fuera de lugar existe y persistirá. No debemos dejar que el peso de esta combinación ponga en peligro nuestras libertades o procesos democráticos. (…) La revolución tecnológica en las últimas décadas está relacionada con y es en gran parte responsable, de los cambios radicales de nuestra posición militar-industrial. En esta revolución, la investigación asumió un rol central. También se volvió más formal, compleja y costosa. Una proporción cada vez mayor se lleva a cabo para, por, o bajo la dirección del gobierno federal. (…) Sin embargo, con todo el respeto que merece y debe tener la investigación científica, también debemos estar alerta frente al peligro igual y opuesto de que la política pública pueda caer cautiva de una élite científico-tecnológica”.
Desde los tiempos de Lenin existe una categoría precisa para esa verdadera simbiosis entre Estado y corporaciones: capitalismo monopolista de estado.
Para ser consistentes con los nuevos tiempos, he aquí la definición del mismo que nos proporciona DeepSeek: El capitalismo monopolista de estado es una fase superior del capitalismo en la que el Estado interviene activamente en la economía no solo como regulador, sino como socio directo de los grandes monopolios. En esta etapa, el poder público y el capital privado concentrado se fusionan para garantizar la reproducción del capital, maximizar ganancias monopólicas y gestionar las contradicciones internas del sistema, como las crisis de sobreproducción o la caída tendencial de la tasa de ganancia. Ejemplos históricos incluyen la planificación indicativa en Francia, la militarización de la economía en Estados Unidos durante la Guerra Fría, o las alianzas público-privadas en sectores estratégicos como energía, armamento y tecnología. Se diferencia del capitalismo de libre competencia en que el Estado no corrige el mercado sino que lo organiza en función de los intereses monopólicos.
El capitalismo monopolista de estado norteamericano, en esta desesperada carrera hacia el abismo en la que confronta con un nuevo bloque económico social que ya ha demostrado su superioridad organizativa, política y económica, arrasa con todo lo que no logra poner bajo su control directo y convierte el resultado en un nuevo negociado atado a los intereses de sus principales monopolios.
En nuestra patria, vienen a quedarse con todo lo que pueda ser explotado. La descarada entrega a precio vil de todas las herramientas de soberanía, y en caso de no poder entregarlas, su destrucción lisa y llana es el único plan vigente. Lo único que tienen claro es que no pueden permitir a nuestro país ni el menor atisbo de independencia.
Ya no es posible exportarnos sus tecnologías obsoletas vendidas con sobreprecios y, junto con ellas, el espejismo del “desarrollo” (financiado por sus organismos internacionales, faltaba más….).
Aun con esa triquiñuela y por encima de ella, la Argentina desarrolló toda una industria nuclear propia a partir de un reactor experimental con fines educativos, construyó aviones a reacción, desarrolló una de las primeras computadoras del mundo, construyó la primera calculadora de mano de Latinoamérica (La Cifra) y creó vectores avanzados de lanzamiento.
Todo eso terminó dando lugar al desarrollo de una clase obrera orgullosa y pujante que reclamó su lugar en la mesa de las decisiones a fines del siglo pasado y llevó al imperialismo y sus socios locales a apelar a la más brutal violencia para contenerla, echando, secuestrando y asesinando a sus cuadros dirigentes.
Y luego de 30 años, volvimos a levantarnos durante la primera década de este siglo. Y la Argentina puso satélites de comunicaciones e instrumentos de precisión en órbita, dio a cada chico una computadora y generó una infraestructura de avanzada para las TIC.
En un mundo donde el espacio para la supervivencia del imperialismo se reduce cada vez más, entre los 100 más ricos y las decenas de miles de desahuciados de un lado, y el avance imparable de China por otro, también saltan por los aires las viejas alianzas de explotadores extranjeros y locales. Los acuerdos se reconfiguran.
El actual gobierno decidió ignorar todas esas contradicciones. Fiel al mandato del amo del norte, elige inmolarse en el altar del imperialismo mientras sus integrantes y cómplices se llenan los bolsillos con los despojos del desastre.
A la clase obrera y al pueblo argentino les corresponde recoger el guante de la afrenta y recuperar sus más altos momentos de lucha. El movimiento obrero argentino dio a luz programas como La Falda y Huerta Grande, y la proclama del 1º de mayo de 1968 de la CGT de los Argentinos. El camino de nuestro desarrollo independiente como nación soberana está contenido en ellos como aspiración.
Al conjunto del campo nacional y popular nos toca recuperar esas banderas y elaborar con ellas un programa mínimo que contenga nuestros reclamos esenciales, sin distraernos ni perder de vista el enemigo principal: AEA, AmCham, FMI. Ellos son hoy la conducción de los enemigos de la patria. Los comunistas nos proponemos la organización y crecimiento de nuestro Partido a lo largo y ancho del país, en donde se vive, se sufre y se lucha contra este gobierno de traidores, para ponerlo al servicio de la causa nacional, por una Argentina que sea Patria y no colonia.






































