DERRAPANDO

Una crisis tras otra

¿Qué es lo que permite que Javier Milei transite con relativa calma política una coyuntura económica y social crítica, generada por un modelo saqueador y neocolonial? En primer lugar, la ausencia de una alternativa que ofrezca una perspectiva de salida al campo popular. No es simple la tarea, particularmente porque el manto de la “antipolítica” consolidó un descreimiento hacia todo, que no se revierte con eslóganes. El peligro entonces es que los yanquis promuevan otro Milei, con otras formas. En los 90 el repudio a Menem demoró en cristalizarse, las luchas fueron in crescendo, pero la “opción” de cambio fue De La Rua. El verdadero cimbronazo llegó con Néstor Kirchner, cuando todo estalló. Hoy sobran las condiciones objetivas para que todo estalle, pero falta desarrollar la conciencia necesaria para que lo que sobrevenga sea en función de los intereses nacionales y populares.

Estamos frente a un gobierno débil, que sorteó las últimas legislativas gracias al salvavidas de Trump, luego logró imponer una reforma laboral claramente regresiva comprando voluntades y conformando una mayoría circunstancial, pero con una economía rota, cientos de miles de nuevos desempleados, caída del consumo, inflación alta (y en alza) y niveles de endeudamiento siderales. Este combo decantó en un fuerte descontento social al sumarse una ristra de escándalos de corrupción y pillerías de diversa índole. Cuando no alcanza para parar la olla, cualquier chispazo lateral puede derivar en una crisis de proporciones. Más aún cuando se trata de los abanderados de la anticasta. Las aventuras de Adorni y los créditos hipotecarios del Banco Nación con tasas preferenciales para funcionarios son las últimas revelaciones de una extensa lista.

El saqueo estructural pasa por otro lado, aunque parezca intangible por varios motivos. ¿El principal? La descomunal transferencia de recursos hacia los poseedores del capital, fundamentalmente transnacional. Pero es ocultado, omitido o edulcorado por los monopolios comunicacionales, verdaderos tanques de la lucha de ideas. Lo cierto es que está cambiando el aire. El 24 de marzo más de 2 millones de personas se movilizaron en diferentes puntos del país para conmemorar los 50 años del golpe genocida de 1976. Había circulado previamente la información de que el gobierno buscaba promover un indulto a los condenados por crímenes de lesa humanidad. No hay lugar en nuestro país para semejante provocación. Al contrario de lo que se intenta establecer como un mantra, el 24 cientos de miles de jóvenes, chicas, chicos, adolescentes, fueron parte de la marea humana que salió a las calles por Memoria, Verdad y Justicia, y en repudio al continuismo de Milei.

Confrontamos a un gobierno atado a la suerte de Trump. Empantanado en Irán, el mandatario norteamericano se desarma en advertencias apocalípticas frente a una nación que ha demostrado una notable firmeza frente a dos potencias nucleares, Estados Unidos e Israel. No saben los yanquis cómo camuflar una retirada que se parece mucho a una derrota. El cierre del Estrecho de Ormuz (solo para los países agresores) ha generado fuertes movimientos en la economía global, en particular la norteamericana. Europa, la OTAN, silban y miran al costado. Lo venimos sosteniendo, el imperialismo norteamericano reacciona defensivamente frente a la pérdida objetiva de su hegemonía global. Cuentan con el respaldo de Milei, que le declaró la guerra a Irán. Si el idiota no fuera de la familia, yo también me reiría, reza el dicho.

Al calor de las luchas frente a un gobierno que va deshilachándose, debemos ir poniendo de pie una alternativa política con presencia en todo el país que esté en condiciones de canalizar el descontento y la bronca crecientes. El enemigo también trabaja en una opción de recambio, ante la inminencia de una crisis. Unidad amplia, pero con un programa mínimo de transformaciones. El rol de Cristina y de Axel Kicillof resultan fundamentales. También el de aquellos que destinamos todos nuestros esfuerzos a la organización de nuestro pueblo, de la clase obrera y de los más humildes.