RESISTENCIA, LUCHA Y ORGANIZACIÓN PARA TERMINAR CON MILEI
Nuestro pueblo pelea
Deliberadamente, el enemigo busca instalar la percepción de que no hay lucha ni reacción popular frente a las políticas devastadoras del gobierno nacional. Algunos propios, agobiados por no saber qué hacer, cómo actuar, o cómo responder, contribuyen resignados a la propalación de ese mantra desmoralizante. Nuestro talón de Aquiles, aunque coyuntural, sigue siendo la atomización y dispersión de los miles de conflictos que se suceden en todo el país, huérfanos de la conducción de una central obrera (CGT) más afecta a los ágapes en Ginebra que a la defensa de los intereses de los laburantes. La ruidosa indiferencia de los popes de la calle Azopardo frente a la intervención judicial de la UOM y el desplazamiento de su referente Abel Furlán (uno de los dirigentes más combativos de esta etapa) es por demás elocuente. Pero los problemas están, sea por el cierre de empresas y la pérdida diaria de cientos de puestos de trabajo, el salario que no alcanza, la imposibilidad de pagar los servicios públicos esenciales y las deudas que se acumulan en el seno de las familias. Crece entonces la bronca y el enojo, que tiene que canalizarse colectivamente en el terreno político, social y reivindicativo, evitando que prime el desgano o la impotencia.
El ataque de Milei a la salud y educación públicas, que golpea a los más humildes, es uno de los focos más sensibles del descontento y conflictividad social. Los hospitales carecen de los insumos básicos para su funcionamiento, no hay vacunas ni campañas de vacunación, con el agravante de la saturación en la atención provocada por la crisis de las obras sociales sindicales. La marcha federal universitaria del pasado 12 de mayo en reclamo de la aplicación de la Ley de Financiamiento movilizó a cientos de miles de personas en la Ciudad de Buenos Aires y a una cifra similar en diferentes puntos del país. Nuestro pueblo no tiene para cargar la SUBE, cuyo uso volvió a registrar una fuerte caída en marzo (último relevamiento) y acumula nueve meses consecutivos de retroceso. El costo mensual del transporte público para quienes lo utilizan habitualmente supera los 110.000 pesos, una cifra que presiona cada vez más sobre los ingresos familiares. Las tarifas en la era Milei destrozaron los salarios con subas superiores al 2000% durante los últimos dos años. Mientras, en el país donde la moral es política de Estado, las diferentes facciones del gobierno se revolean carpetazos en una carrera loca donde se disputan negocios de todo tipo y calaña a cielo abierto.
Días atrás el FMI realizó su supervisión de la marcha del plan económico. Los yanquis no le van a patear el banquito a Milei, no obstante exigen más ajuste: que el 20 por ciento de los asalariados tributen ganancias, reforma previsional y acumulación de reservas genuinas para garantizar el pago de la deuda. Tampoco el establishment local va a sacar los pies del plato en tanto y en cuanto no tengan asegurada una alternativa de recambio. Pueden ser Bullrich, Macri, Brito, Galperín, etc. Más allá de los chispazos retóricos, sería ridículo que erosionen a un gobierno que les cubre las indemnizaciones por despidos con fondos jubilatorios. Mientras resuelven su interna, le dan manija al trotskismo (Miriam Bregman) en un intento por debilitar “por izquierda” la opción más competitiva del campo nacional y popular, hoy representada por el compañero Axel Kicillof. Lo que está fuera de discusión es que el gobierno de La Libertad Avanza atraviesa un permanente tembladeral político, económico y social situado a años luz de distancia de la sensación de estabilidad que pretenden instalar.
Al cierre de esta edición se realiza una multitudinaria movilización del Ni Una Menos atravesada por el doloroso femicidio de una piba de 14 años en la provincia de Córdoba. Se trata de una masiva jornada de lucha del movimiento de mujeres y diversidades de cara a un gobierno que niega el flagelo de los femicidios, eliminó todos los programas destinados a prevenirlos y combatirlos, y profundizó las contradicciones económico-sociales que posibilitan que una mujer sea asesinada cada 31 horas en la Argentina por violencia de género.
Nuestro pueblo pelea para terminar con el infierno del neoliberalismo que pone en riesgo la existencia de nuestra nación. Esto se va a acabar y habrá que actuar con decisión y rapidez para recuperar las palancas necesarias para la defensa de nuestra soberanía, pagar la deuda interna y no la externa, y luchar por la aplicación inmediata de un programa que revierta el saqueo actual y redistribuya la escandalosa concentración de la riqueza en nuestra Patria. En ese camino será fundamental contar con el liderazgo y la perspectiva estratégica de la compañera Cristina, quien en las próximas semanas cumplirá un año de injusta detención.





































