HIDROVÍA

Soberanía o Imperialismo

Luego de un proceso marcado por irregularidades e injerencia extranjera, la empresa belga Jan De Nul parece haberse quedado con el control de la hidrovía del Paraná por los próximos 25 años. Ahora bien, la licitación no está del todo cerrada a causa de la corruptela que giró en torno a las negociaciones: empezando por la intervención del gobierno norteamericano, que vetó a todas las empresas chinas o cercanas al gigante asiático a participar. Al final solo dos compañías belgas llegaron a la recta final para quedarse con este sector estratégico que debería estar bajo control del Estado argentino. Tanto Jan De Nul como DEME -la otra empresa belga en cuestión- compitieron no sólo por la concesión sino también por demostrar cuál de ellas respondía con mayor fidelidad a los intereses de Washington. En los últimos días, Jan De Nul tuvo que difundir comunicados en los que buscó despegarse de cualquier vínculo con empresas chinas y resaltó que la tecnología e insumos que utilizaría provendrían de proveedores occidentales, particularmente estadounidenses. Esto no fue casual ya que días antes, directivos de la multinacional habían mantenido reuniones con el embajador norteamericano Peter Lamelas. DEME, por su parte, también buscó mostrar su alineamiento con Estados Unidos a través de acuerdos con firmas de ese país y declaraciones junto a dirigentes republicanos cercanos a Donald Trump que reclamaron una mayor participación de empresas yanquis en negocios estratégicos de Argentina.

Esto muestra hasta qué punto una de las principales vías de salida de las exportaciones agroindustriales nacionales (el 80%) se convirtió en un asunto de interés geopolítico para el imperialismo. Se está entregando a la OTAN una vía estratégica de nuestra economía y un sector que transporta decenas de miles de millones de dólares al año. Solo con el dragado y cobro de peajes el Estado argentino pierde más de 300 millones de dólares anuales con esta privatización, además de dejar ese acceso fluvial al narcotráfico internacional, particularmente de la DEA norteamericana. Las denuncias de corrupción ante semejante escándalo no se hicieron esperar. Los principales imputados son el ministro de Economía, Luis Caputo, y el asesor presidencial Santiago Caputo. La presentación judicial sostiene que el proceso fue diseñado para favorecer a empresas ligadas a intereses imperialistas. Aunque del Poder Judicial se puede esperar poco y nada, no hay ninguna duda de que fue así. Por nuestra parte, reivindicamos el control Estatal de los ríos y del comercio exterior, banderas históricas de las luchas obreras y sindicales de nuestro pueblo, que quedaron inmortalizadas en documentos como la Proclama de la CGT de los Argentinos de 1968, el Programa de Huerta Grande de 1962 y el de La Falda de 1957.