FRENTE A LAS ELECCIONES DE OCTUBRE
Brasil y una opción de hierro
El panorama político está dominado por la inminente carrera presidencial, configurando una reedición de la confrontación antagónica que el país arrastra desde 2022. Lula busca la reelección: el actual mandatario compite por el que sería su cuarto mandato presidencial. Su campaña se apoya en la defensa de la institucionalidad democrática, la reconstrucción de las políticas sociales y ambientales, y la estabilidad económica. Ante la inhabilitación política de Jair Bolsonaro, la derecha dura ha cerrado filas en torno a su hijo, el senador Flávio Bolsonaro (Partido Liberal), quien se perfila como el principal contendiente de la oposición para mantener vivo el capital político del “bolsonarismo”. Aunque suenan otros nombres en el sector moderado, como el gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, la candidatura de Bolsonaro hijo busca consolidar la hegemonía familiar en el ala conservadora.
Un Congreso opositor
El gobierno del PT opera bajo un asedio legislativo constante debido a que el Congreso cuenta con una robusta mayoría conservadora y de extrema derecha. Recientemente, las tensiones institucionales se agudizaron después de que el Legislativo aprobara medidas que reducen las penas y flexibilizan los regímenes de prisión para los involucrados en la asonada golpista de enero de 2023. La base oficialista califica esto como una “amnistía encubierta” orientada a torpedear la gobernabilidad.
Crecimiento con presión inflacionaria
La economía es el principal termómetro del humor social y el gran caballo de batalla del gobierno de cara a los comicios. Tras expandirse un 3,4% en 2024 y un 2,3% en 2025, el PIB mantiene una marcha ascendente estimada en torno al 2,1%. El consumo interno y las exportaciones del agro, minería y petróleo siguen sosteniendo la actividad. El dinamismo económico y shocks externos (como el encarecimiento de insumos derivado de conflictos geopolíticos globales y crisis energéticas) han empujado la inflación hacia el 5% interanual. Esta presión inflacionaria limita al Banco Central para seguir recortando la tasa de interés de referencia (Selic) con la velocidad que el gobierno desearía, proyectando tensiones sobre el costo del crédito en pleno año electoral.
Encuestas y voto volátil
Diversos relevamientos muestran una notable cristalización del electorado: aproximadamente la mitad del país aprueba la gestión de Lula y la otra mitad la rechaza de forma tajante. En este escenario de paridad, la clave de la elección residirá en los votantes moderados y no alineados, quienes priorizan variables pragmáticas como “la seguridad pública, el control del crimen organizado y el bolsillo diario por encima de las disputas ideológicas”.
La posición de los comunistas brasileños
El PCdoB, histórico aliado del Partido de los Trabajadores (PT) y actual miembro de la coalición de gobierno mediante la federación Brasil de la Esperanza, plantea la conformación de un Frente Amplio Antifascista: la prioridad absoluta de la etapa actual es cerrar el paso al bolsonarismo (expresión del fascismo neoliberal). La continuidad de Lula constituye una necesidad histórica para preservar las libertades democráticas.
En paralelo, los comunistas advierten sobre una disputa del rumbo dentro del gobierno. Reconocen que Lula debe hacer concesiones a sectores de centro y derecha (necesarias para mantener la gobernabilidad en un Congreso hostil) pero argumentan que el papel del PCdoB es presionar desde adentro para inclinar la balanza hacia políticas destinadas a las mayorías, inversión estatal y defensa de la soberanía nacional.
Partiendo de esta premisa, el llamado a la movilización popular para garantizar que la izquierda retenga el poder en las próximas elecciones generales.






































