EL REY ESTÁ DESNUDO

El fin de una era

Decíamos en una nota anterior que: “La suerte está echada. La pregunta es cuán larga será esta transición a un nuevo orden mundial multipolar, donde lo que se expande, crece y desarrolla es una nueva forma de vincularse entre estados-nación y agrupamientos regionales” (NP 425). Los últimos acontecimientos en Irán demuestran la objetividad de nuestras apreciaciones.

Exabruptos como el de que “esta noche terminará toda una civilización”, lanzados por Trump y que son nada menos que la admisión descarada de intenciones genocidas, terminan en el retiro de los bombarderos y la aceptación de un cese el fuego mediado por Pakistán (un principalísimo aliado de China, quien es muy probablemente la gestora detrás de bambalinas). Queda por ver cuál es la actitud de los fascistas israelíes que, es bueno recordarlo, antes del inicio de los ataques a Irán bombardearon sin aviso las instalaciones donde se reunían los negociadores estadounidenses e iraníes, matando a algunos de ellos e incluso a familiares.

La carrera hacia el abismo iniciada por el imperialismo yanqui en la persona de su presidente incluye situaciones impensables hace una década, como la negativa a permitirle usar sus bases (e incluso el cierre de su espacio aéreo para naves de guerra) por parte de nada menos que Italia, Francia, Gran Bretaña; la imposibilidad de escudarse tras el taparrabos de la ONU; la impotencia de su portaaviones más grande, obligado a huir a una distancia prudencial, así como el derribo de sus aviones y el bombardeo y destrucción de instalaciones estratégicas de radares o pistas de aterrizaje, datacenters de algunas de las más grandes corporaciones informáticas y de petroquímicas de capitales yanquis y aliados.

Pero la enorme derrota que no se menciona es la sufrida al interior de su país, donde en el punto más alto de su brutalidad intentó doblegar la resistencia en Minnesota, un estado baluarte en la defensa de una gran población inmigrante íntimamente integrada a la población local, con una fuerza federal que superaba al conjunto de todas las policías locales del estado. No lo logró. Luego de los asesinatos de Minneapolis, Trump no solo debió retirarse sino que debió jubilar a su secretaria de seguridad, principal impulsora de ese asalto. La decidida resistencia de ciudades santuario como Minneapolis y otras como Chicago o Nueva York, culminó en la gigantesca movilización nacional de No Kings, con más de 2 millones de personas movilizadas contra Trump en miles de ciudades y pueblos, demandando la disolución de ICE. El rey está desnudo y ya todos pueden verlo, dentro y fuera de EE.UU.

Entretanto, por otra parte, en una nota publicada por un medio de Shanghai (y cuyo autor es un economista e inversionista, no un filósofo marxista) leemos lo siguiente: “Durante los últimos 250 años, la civilización occidental -primero Europa y posteriormente el mundo angloamericano- ha ejercido un dominio global abrumador. La Revolución Industrial, la expansión colonial y el auge del capitalismo atlántico permitieron a Europa -y posteriormente a Estados Unidos- remodelar las instituciones globales según sus propias ideas. La democracia liberal, los mercados capitalistas, el sistema de estados-nación y el derecho internacional se convirtieron gradualmente en el marco dominante de la organización política moderna. Pero en términos históricos, este dominio es una fase particular más que la norma. Antes de la era moderna, China e India ocupaban posiciones centrales en la economía global. En 1820, estas dos civilizaciones juntas representaban la mitad del PIB mundial. Sin embargo, a mediados del siglo XX, a medida que la industrialización occidental y la expansión imperial remodelaban la estructura económica global, su cuota había disminuido a aproximadamente el 9% (…) Es poco probable que el mundo futuro regrese a un orden estable liderado por Estados Unidos, ni tampoco se unirá en un sistema unificado liderado por China. Es más probable que se convierta en un panorama multipolar fragmentado, con bloques regionales, desvinculación tecnológica, alianzas cambiantes y una competencia persistente. La pregunta clave para las próximas décadas es si Estados Unidos puede adaptarse a un mundo multipolar, o si los esfuerzos por mantener la dominación unipolar intensificarán las tensiones globales”.

En esa dirección reflexionaba también Vladimir Putin en el encuentro de Valdai de 2024 cuando decía: “¿Qué conflicto estamos presenciando hoy? (…) Se trata de un conflicto entre la inmensa mayoría de la población mundial, que quiere vivir y desarrollarse en un mundo interconectado y con muchas oportunidades, y la minoría global, cuya única preocupación, como ya he dicho, es la preservación de su dominio. Para lograr este objetivo, están dispuestos a destruir los logros que son el resultado de un largo período de movimiento hacia un sistema global común. Como vemos, no lo están logrando y no lo lograrán.”

A esa minoría global sirve aquí Milei y su banda de saqueadores, y con ellos negocian los múltiples aspirantes a sucederlo, para seguir representando a AEA y la AmCham como mediadores más “civilizados” y “negociadores”. Para, como decía Manuel Belgrano, “mudar de tiranos sin destruir la tiranía”.

Es lo que ha venido ocurriendo en nuestra patria desde 1976 en adelante, con la honrosa excepción de Néstor y Cristina, excepción de la que tenemos que sacar algunas conclusiones: no se puede domesticar a los grandes capitalistas de nuestra patria, aliados y socios del capital trasnacional, parte de esa “minoría global cuya única preocupación es la preservación de su dominio”. Hay que pensar en cuáles serán los medios para ponerlos en vereda y subordinar sus intereses a los del conjunto de los argentinos que somos parte de la “inmensa mayoría mundial que quiere vivir y desarrollarse en un mundo interconectado y con muchas oportunidades”.

Lo fundamental para lograrlo sigue siendo la construcción de un frente antioligárquico y antiimperialista de esa inmensa mayoría de habitantes de nuestra patria, con una amplísima red de organizaciones populares de base en los lugares de trabajo, en los barrios, en las escuelas, en las universidades, en los clubes, en cada lugar donde vive, trabaja y lucha, cada día más organizados y más conscientes de nuestras propias fuerzas, un frente que propicie también la recuperación de la unidad de la Patria Grande por la que bregaron y dieron su vida San Martín, Belgrano, Bolívar y tantos patriotas latinoamericanos, con la cual Argentina tendrá más oportunidades.