PANORAMA

A mayor debilidad, más agresividad

Donald Trump se mueve como bola sin manija en los asuntos globales. El carácter intempestivo de sus decisiones obedecen a su creciente pérdida de hegemonía en términos geopolíticos, tal como venimos observando desde el inicio del siglo en curso. Responde también a la necesidad de distraer internamente a la sociedad norteamericana en un contexto económico recesivo. Es en este contexto que algunos analistas vuelven a proyectar un escenario de estanflación, producto de la desaceleración en la actividad y un nivel de inflación aún lejos de la meta de la Reserva Federal.

La furia arancelaria del magnate golpeó hacia adentro, fundamentalmente. El último informe de empleo expuso que la creación de puestos de trabajo en EE.UU. fue de apenas 73.000 en el mes de julio, bastante alejado de los 110.000 proyectados. A esto se suma el mal resultado del índice de producción manufacturera (PMI), que en julio cayó a 48 puntos y marcó el quinto mes consecutivo de contracción en el sector. Trump volvió prometiendo el Make America Great Again, pero se metió en un pantano del que no puede salir. ¿La respuesta? Aranceles, sanciones y provocaciones en “cualquier oscuro rincón del mundo”, al decir de George W. Bush.

La situación en Medio Oriente se le fue de las manos, donde crece el repudio global (incluso en Europa) hacia el genocidio que el Estado de Israel comete contra la población palestina en la Franja de Gaza. Más de 60.000 muertos, de los cuales 18.000 son niños y niñas, lo que equivale a 26 chicos asesinados por día desde diciembre de 2023. Bajo la pantalla de un centro de ayuda humanitaria, el sionismo instaló una especie de “juego del calamar” a cielo abierto. No sólo mueren por inanición y hambruna luego de caminar durante horas por comida, sino que resultó un señuelo para el asesinato a mansalva. La BBC británica (no un medio antimperialista) documentó la muerte de 169 menores con disparos en el pecho y en la cabeza, lo que evidencia un patrón del ejército israelí. El gendarme del imperialismo en Oriente Medio está fuera de control.

En un acto de intromisión con pocos antecedentes, EEUU impuso aranceles del 50 por ciento a Brasil que entraron en vigencia al cierre de esta edición. La suba arancelaria impacta sobre aproximadamente el 36% de las exportaciones brasileñas hacia los Estados Unidos. Entre los productos alcanzados se encuentran el café, la carne y el azúcar. ¿El motivo? El proceso judicial que se lleva adelante contra Jair Bolsonaro por el intento de golpe de Estado transcurridos unos pocos días de la asunción del presidente Lula. En misiva oficial, la Casa Blanca argumentó que las acciones del gobierno brasileño “constituyen una amenaza inusual y extraordinaria para la economía, la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”. Brasil hizo causa común en defensa de su soberanía. No sólo Lula, el PT y las fuerzas aliadas al gobierno. Por izquierda y por derecha el repudio es unánime. ¿Quién evalúa absorber ese volumen de exportaciones? La respuesta está en los BRICS.

En la misma línea debemos ubicar las imposiciones arancelarias a la India por comerciar petróleo ruso. El trasfondo sigue siendo el conflicto ruso-ucraniano. Trump emplazó a Vladimir Putin a una tregua con Ucrania, ultimátum que vence el 8 de agosto. La Federación Rusa calificó el accionar yanqui como “una amenaza y un paso hacia la guerra”. Esto derivó en la movilización de dos submarinos nucleares de bandera yanqui a la zona de conflicto. Juegan a la III guerra mundial, reflejo de una debilidad objetiva.