A 25 AÑOS DEL HISTÓRICO DISCURSO DE FIDEL EN RÍO DE JANEIRO (ECO ’92)

“Desaparezca el hambre y no el hombre”

Por Rodolfo G. Módena

El pasado 1º de junio, Donald Trump anunció la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París sobre Cambio Climático (2015), renegando del compromiso de la primera potencia mundial de reducir sus emisiones de dióxido de carbono en los niveles propuestos en dicho acuerdo para contribuir a ralentizar el calentamiento global.

Estados Unidos es el segundo emisor global de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero (15%) después de China (30%), pero es el primero en volúmenes acumulados durante el siglo y medio de su desarrollo industrial, así como en cantidad per cápita. Algo similar acurre con la Unión Europea, que es el tercer emisor actual (9%). Le siguen India (7%), Rusia (5%) y Japón (4%).

“Una vez alcanzado cierto nivel de desarrollo, China debe adoptar un modelo sostenible, lo cual significa que tenemos que alentar un crecimiento verde. Respetaremos nuestro compromiso con el Acuerdo de París”, dijo un día antes el primer ministro de la República Popular China, Li Keqiang.

El compromiso de los Estados Unidos con el Acuerdo de París era de reducir sus emisiones contaminantes entre un 26% y un 28% para 2025 en relación a las emisiones de 2005 cuando entró en vigencia el Protocolo de Kyoto, que los norteamericanos no suscribieron.

El Protocolo de Kyoto (1997), fue producto del trabajo propuesto por la histórica Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro (1992), de la que este 12 de junio se cumplieron 25 años, y en la que Fidel Castro alertaba al mundo: “Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre. Es necesario señalar que las sociedades de consumo son las responsables fundamentales de la atroz destrucción del medio ambiente. Ellas nacieron de las antiguas metrópolis coloniales y de políticas imperiales que, a su vez, engendraron el atraso y la pobreza que hoy azotan a la inmensa mayoría de la humanidad. Si se quiere salvar a la humanidad de esa autodestrucción, hay que distribuir mejor las riquezas y tecnologías disponibles en el planeta. Menos lujo y menos despilfarro en unos pocos países para que haya menos pobreza y menos hambre en gran parte de la Tierra. No más transferencias al Tercer Mundo de estilos de vida y hábitos de consumo que arruinan el medio ambiente. Hágase más racional la vida humana. Aplíquese un orden económico internacional justo. Utilícese toda la ciencia necesaria para un desarrollo sostenido sin contaminación. Páguese la deuda ecológica y no la deuda externa. Desaparezca el hambre y no el hombre. Cesen los egoísmos, cesen los hegemonismos, cesen la insensibilidad, la irresponsabilidad y el engaño. Mañana será demasiado tarde para hacer lo que debimos haber hecho hace mucho tiempo”.

Pero el imperialismo norteamericano, verdadero villano ecológico de esta historia, sigue haciendo de las suyas, recalentando el clima global humano y ambiental (sin hablar del armamentismo y las guerras que promueve su complejo militar-industrial), con esta nueva decisión egoísta, hegemónica, insensible, irresponsable y engañosa.