DE CARA A LAS ELECCIONES DE NOVIEMBRE

El hermano pueblo norteamericano

En una nota publicada en Raíces Latinoamericanas Nº 20, en diciembre de 2014 (El hermano pueblo de los EE.UU.), decíamos que: “A mediados de la segunda década del siglo 21, la situación mundial rememora en muchos aspectos la situación de un siglo antes, cuando el mundo se deslizaba irremediablemente hacia la Primera Guerra Mundial, guerra de reparto del mundo entre las potencias imperialistas de la época. Esa primera catástrofe de la humanidad sería seguida poco tiempo después por la 2ª Guerra Mundial, con el saldo de una Europa destruída, 50 millones de vidas segadas y décadas de reconstrucción por delante. De esa debacle emergería la actual superpotencia sobreviviente de la Guerra Fría, los orgullosos EE.UU., herederos del imperialismo británico, pero también de las nociones de pueblo elegido, espacio vital y destino manifiesto, tres conceptos que el sionismo judío y el nazifascismo utilizaran como justificación de su expansionismo, su militarismo y su carrera hacia el abismo en pos de imponer sus propios intereses al resto de la humanidad como si fueran los de ésta. Cien años después, el mundo asiste a otra profunda crisis general que afecta el corazón mismo del sistema imperialista, que no tiene visos de salida a siete años de su inicio declarado” (…) “Fue la necesidad de mantener el valor de sus riquezas [las del 0,01% de los super-ricos] lo que llevó a derramar por el mundo los desastres del neoliberalismo, alcanzando en la actualidad a la totalidad del mundo occidental desarrollado, donde se impuso la dictadura del gran capital financiero transnacionalizado mediante personeros directos de sus intereses, forzando “ajustes” que no son otra cosa que la descarga de la crisis sobre las espaldas de los pueblos incluyendo al norteamericano.

Fue esa misma necesidad la que volcó (…) ingentes recursos que se valorizan mediante la destrucción de naciones enteras mediante la guerra, a la que seguirán pingües negocios de reconstrucción como hemos visto una y otra vez a lo largo de todo el siglo 20 y lo que va del actual”.

La nota abundaba en datos y cifras demostrando la enorme centralización y concentración de capitales y riqueza por un lado, y la creciente oposición del pueblo, principalmente los trabajadores, que se expresaba en formas de organización para sus reivindicaciones parciales y de organización política en representación de sus intereses más generales.

Doce años después, el proceso de concentración, transnacionalización y desnacionalización de capitales agudizó todos los males del sistema, haciendo retroceder al conjunto del mundo “occidental” a la barbarie, el racismo y el protofascismo. Sus sucesivos gobiernos, principales responsables de la disolución del “sueño americano” al trasladar casi toda su industria relevante a países que les permitieran una mayor extracción de plusvalía -empezando, paradójicamente, por China—, no dudaron ni dudan en sacrificar a la amplia mayoría del pueblo estadounidense en su cada vez más virulenta y opresiva carrera hacia la militarización de la vida para proteger sus privilegios.

Pero había entonces también un incipiente movimiento de los autodenominados “socialistas democráticos”, que por las formas de la política yanqui se desenvolvían (y aún lo hacen) como línea interna de izquierda del Partido Demócrata, con una orientación pro trabajadores (muchos de sus activistas son organizadores sindicales), antiimperialista e incluso con concepciones extraídas del marxismo.

Contó y cuenta con el apoyo del senador Bernie Sanders, su más prominente representante en la actualidad es Alexandria Ocasio-Cortez, y hoy extiende su influencia a los 50 estados norteamericanos. El recientemente electo alcalde de Nueva York Zohran Mamdani pertenece a esa corriente, así como Abdul El-Sayed, el reciente ganador demócrata de la candidatura al Senado de EE.UU. por el estado de Michigan y muchos candidatos a diferentes cargos en todo el país.

En las elecciones que se vienen realizando en estos años y en diferentes elecciones primarias (internas), sus candidatos han ganado numerosos lugares, o han perdido por diferencias ínfimas (menos del 1%) frente a candidatos que reciben millones de dólares para sus campañas (El-Sayed derrotó a un candidato que recibió 60 millones).

En su página de internet dicen: “El capitalismo es un sistema diseñado por la clase propietaria para explotar al resto de nosotros para su propio beneficio. Debemos reemplazarlo con el socialismo democrático, un sistema donde la gente común tenga una voz real en nuestros lugares de trabajo, vecindarios y sociedad. Queremos una democracia que cree espacio para que todos florezcamos, no sólo para sobrevivir, y que responda las preguntas fundamentales de nuestras vidas con el aporte de todos. Queremos ser dueños colectivos de los impulsores económicos clave que dominan nuestras vidas, como la producción de energía y el transporte. Queremos que la clase trabajadora multirracial esté unida en solidaridad en lugar de dividida por el miedo.”

Esta tendencia se extendió, principalmente entre los jóvenes, a lo largo y ancho del país, creció acompañando la lucha de los trabajadores, contra el racismo y la discriminación, por la ecología, la salud y la educación públicas.

Cerrábamos la nota citada al principio, diciendo que: “Por su propio peso específico en la economía global (los EE.UU. representan todavía prácticamente la cuarta parte del PBI mundial) sin solución a su crisis es muy difícil que haya solución a la crisis global. Y para que eso ocurra, la tendencia a la concentración de la riqueza en EE.UU. debe revertirse. Una salida que acentúe la actual tendencia sólo profundizaría la crisis de la economía mundial y sentaría las bases para una profundización de todos los problemas. Esa lucha es la que debe librar por sus propios medios el pueblo norteamericano. Cuenta para ello con la solidaridad de todos los pueblos del mundo, incluyendo los de América Latina.”