PANORAMA
Brasil y el polvorín latinoamearicano
La mayoría de las encuestas le otorgan una ventaja de entre 8 y 9 puntos al actual mandatario frente al candidato de la ultraderecha. No obstante, no le alcanzaría al PT y aliados para imponerse en primera vuelta, en un escenario marcado por una fuerte polarización. De confirmarse la realización de un balotaje, los sondeos le auguran a Lula una victoria que oscilaría los 5 puntos sobre Flavio Bolsonaro. De cualquier forma, hace tiempo que los relevamientos de intención de voto dejaron de ofrecer previsiones acertadas. Por tanto, nadie está dispuesto a dormirse en los laureles durante los próximos 90 días. Sí hay elementos que permiten tener un cauteloso optimismo. En primer lugar, es un hecho que Lula ha comenzado a recuperar posiciones (luego de una tendencia a la baja) en los tres principales distritos electorales del país: San Pablo, Río de Janeiro y Minas Gerais, determinantes en el resultado general. Al mismo tiempo, el bolsonarismo pierde predicamento en el Sudeste y Centro-Oeste del país, mientras el lulismo se afirma y estira su ventaja en la región nordestina. Los cortes socioeconómicos y demográficos siguen siendo el principal sustento de la posibilidad de una reelección. Los datos de la encuesta nacional del Instituto Quest indican que Lula lidera cómodamente entre los electores con ingresos de hasta dos salarios mínimos (54% frente al 30% en la segunda vuelta) y entre los beneficiarios del programa Bolsa Família (62 frente al 26%). El electorado femenino (47% frente al 35%) y los fieles católicos (49% frente al 37%) también otorgan ventaja al presidente. Por el contrario, el candidato del PL mantiene la preferencia entre los evangélicos (48 frente al 33%), los electores con estudios superiores y aquellos con ingresos superiores a cinco salarios mínimos, además de liderar en los estados del Sur y en regiones dedicadas al agronegocio, como Santa Catarina (45% frente al 20%) y Mato Grosso (43% frente al 26%). El dato más emblemático se registra en el Distrito Federal, donde la extrema derecha obtuvo una amplia victoria hace cuatro años. En Brasilia, Lula lidera numéricamente con el 28% de la intención de voto, seguido por Flávio Bolsonaro con el 26%.
Por fuera de los números está el factor Trump. El imperialismo es muy conciente de la trascendencia de la elección y juega fuerte, aunque no siempre con los resultados buscados. El paso de comedia de Milei, como la imposición de aranceles por parte de los Estados Unidos, afirmaron un sentimiento antiyanqui en el pueblo brasilero. Ahora apuntan contra la “transparencia” del sistema electoral, lo que podría derivar en un desconocimiento de la victoria del PT si se diera en un contexto de paridad finita. Venimos de la experiencia reciente de Colombia, donde el presidente saliente Gustavo Petro sostiene que hubo fraude a partir de la manipulación de los resultados electorales.
Se bate mucho el parche por estos días de una avanzada irreversible de la ultraderecha en América Latina. ¡Irreversible! La historia es diferente, y se está escribiendo en las calles con la resistencia popular al fascismo neoliberal. En Bolivia se produjeron bloqueos de caminos durante 60 días, y atraviesa ahora una crisis política por las andanzas de mano de obra rústica de la CIA como lo es Fernando Cerimedo, otrora asesor de Milei. En Chile se renuevan las jornadas de protesta por la carestía de la vida. Abelardo de Espriella en Colombia seguía celebrando su “triunfo” mientras crecían las víctimas del terremoto: ya se sacó el smoking pero no sabe para dónde arrancar. Noboa en Ecuador buscó imponer un régimen a lo Bukele, no obstante la violencia urbana (por el avance del narcotráfico) se encuentra absolutamente desmadrada. A Milei le dedicamos varias páginas de esta edición. La oleada pro yanqui en nuestra región está sujetada con alfileres, por tanto el escenario puede modificarse en cualquier momento. Ahí juegan un papel decisivo tres países: Brasil con Lula al frente, el México de Claudia Sheinbaum y la heroica resistencia de Cuba Socialista frente al genocidio silencioso impuesto por Trump, una Gaza sin bombas pero con enormes cojones, al decir de los cubanos.






































