FRENTE A LAS ADVERTENCIAS, OÍDOS SORDOS
Ajuste y más ajuste para enfrentar al Super Niño
En nuestro país el fenómeno natural del Niño puede traducirse en un aumento de las lluvias en determinadas zonas, con el consecuente riesgo de inundaciones y crecidas de los ríos. En el Litoral, el aumento de los caudales de los ríos Paraná, Iguazú y Uruguay provocó evacuaciones, familias afectadas, rutas cortadas y dificultades en los pasos fronterizos. Corrientes y Chaco atraviesan situaciones críticas. En Misiones, la crecida extraordinaria del río Iguazú implicó el cierre de circuitos de las Cataratas por varias semanas y evacuaciones preventivas en zonas ribereñas. Actualmente hay varias localidades afectadas. En Entre Ríos, la crecida del río Uruguay también generó evacuaciones y la situación seguía bajo alerta. En Neuquén, las precipitaciones intensas provocaron desbordes de arroyos, anegamientos y cortes viales.
El gobierno de Javier Milei, negacionista del cambio climático y enemigo del sistema científico-técnico nacional, puso en marcha el Plan de Coordinación Federal ENOS 2026/2027 -aprobado mediante la Resolución Nº 559/2026 del Ministerio de Seguridad y coordinada por la Agencia Federal de Emergencias (AFE)- para responder a los impactos del evento meteorológico. Sin embargo, ya existen fuertes advertencias y reclamos debido a la falta de fondos, ausencia de obras y a la descentralización excesiva dejando en manos de las provincias básicamente toda la prevención y la atención de la emergencia.
La catástrofe que ya se está produciendo no se explica solo por el fenómeno del Niño. La deforestación, la pérdida de humedales y los cambios en el uso del suelo modifican la absorción y el deslizamiento del agua. A eso se suman la falta de obra pública, el mantenimiento deficiente de la infraestructura, la urbanización en zonas inundables y la ausencia de planificación. El desastre no es mero producto de la naturaleza, hay responsabilidad política del gobierno que no está haciendo nada para evitar que las inundaciones deriven en una calamidad social, ambiental, productiva y económica. No alcanza con hablar de desidia, porque en realidad se trata de la decisión política de ajustar en áreas claves para atender la situación (Salud, infraestructura, Servicio Meteorológico Nacional, Vialidad, Conae, Conicet por nombrar algunas). Hay una decisión de destinar los recursos para cumplir con el plan del FMI y redistribuir a favor de los más ricos los recursos creados con el trabajo del pueblo argentino.
Como contracara, la provincia de Buenos Aires se prepara con planes de contingencia. Una de las primeras medidas anunciadas por Kicillof es la creación de una Mesa Interministerial que trabajará en coordinación directa con los intendentes. El objetivo será articular planes de contingencia y emergencia en los municipios que puedan resultar afectados. El plan contempla una inversión provincial de alrededor de $2,3 billones, principalmente destinada a infraestructura, además de recursos para áreas como Ambiente, Seguridad, Desarrollo Agrario, Desarrollo Social y Salud.
La mesa interministerial estará integrada por los ministerios de Gobierno, Ambiente, Infraestructura y Servicios Públicos, Seguridad, Desarrollo de la Comunidad, Desarrollo Agrario, Hábitat y Desarrollo Urbano, Salud y Economía; y áreas como el OPISU, la Autoridad del Agua (ADA), la Dirección de Vialidad y Aguas Bonaerenses. “Lamentablemente tenemos un presidente que niega el cambio climático y, al mismo tiempo, paraliza la obra pública y elimina herramientas fundamentales para mitigar sus consecuencias”, sostuvo el Gobernador, y añadió: “No podemos aceptar que la Nación abandone sus responsabilidades: necesitamos coordinación, inversiones y los recursos que aportan las provincias para prevenir y dar respuestas”.






































