POR BRASIL Y POR AMÉRICA LATINA
Solo el pueblo salva al pueblo
La proeza de Lula y de su pueblo rompe los límites del Brasil y de América Latina. El imperialismo norteamericano jugó fuerte para colonizar al gigante continental y asegurarse un control casi total de lo que consideran su “patio trasero”. Brasil forma parte de las diez economías más importantes del mundo, contiene uno de los pulmones más ricos en biodiversidad, es miembro fundacional de los BRICS y principal receptor de inversiones de la República Popular China en Occidente. Por eso constituye un verdadero mazazo a los objetivos de Trump y de la oligarquía financiera transnacional, que apelaron a todas las formas de guerra híbrida y no convencional para derrotar al presidente hijo de la clase obrera. Contra esos enemigos confrontó Lula, quien asumió con 80 años la tarea titánica de revertir el resultado de la primera vuelta, con una diferencia negativa de 3 millones de votos. En Brasil se puso un freno a la ola reaccionaria que pretendía imponerse en nuestra región. “Hasta acá llegan”, se les advirtió a los yanquis.
¿Ocurrió un milagro? ¿Alguna novedosa alquimia electoral que desconocíamos? Nada de eso. El 25 de octubre se impuso un pueblo movilizado como nunca antes en su historia, sobreponiéndose en primer lugar al derrotismo propalado por la “dictadura de los algoritmos”. ¿Qué hizo que la juventud y las mujeres fueran masivamente a votar por Lula? ¿Qué impulsó a los más veteranos y enfermos a movilizarse (en muchos casos en andas de sus familiares) para acudir a los centros de votación ante el riesgo de un triunfo del fascismo? ¿Qué generó que los favelados que no votaron en el primer turno sí lo hicieran en el balotaje? La conciencia es la que moviliza, la que forja la voluntad, la que busca las más variadas formas de organización. Entre ellas la digital, que jugó un rol muy destacado en la elección: fueron las masas las que con osadía y creatividad disputaron ese terreno dominado por las grandes corporaciones tecnológicas. En Brasil se impuso la conciencia política del pueblo, que le dio a Lula 11 millones de votos más respecto al 4 de octubre. Es un parteaguas en varios sentidos, que nos deja enormes enseñanzas y abre una perspectiva de cambios, en particular en la Argentina.
La situación económica y social de nuestro país cae por un tobogán, tanto como el deterioro de la autoridad presidencial. El establishment no sabe qué hacer con Milei, atormentado con la literalidad del “no se llega a fin de mes”, su paso de comedia por España y el piñazo causado por la derrota del profugado Flávio Bolsonaro. La ruptura que comienza a ensayar Patricia Bullrich tiene el aval de Clarín, Techint y los popes de la Asociación Empresaria Argentina (AEA). “No podemos llegar al 2027 abrazados a Scott Bessent”, se animó la senadora. Los yanquis aprietan: primero para excluir a las empresas norteamericanas que operan en Malvinas de las “sanciones” contra el Reino Unido, pero más aún por los “incumplimientos” del gobierno argentino. Marco Rubio reclamó personalmente y a través de su segundo por la ley de patentes y laboratorios, por los minerales críticos que no aparecen, en especial el litio; por el acuerdo de libre comercio (que requiere aprobación del Congreso) y por la presencia comercial china que sigue actuando “sin límites”. La defensa de la soberanía fue uno de los ejes centrales de la disputa electoral en el Brasil, y se resolvió en favor del pueblo. En la Argentina tenemos esa misma disyuntiva: no se trata de perder o no perder una elección, sino de perder la soberanía.
El pasado 15 de octubre nuestro pueblo se movilizó masivamente por el financiamiento de las universidades y para presionar sobre la sesión convocada en Diputados para hacer caer el decreto 70/23. Nuestro balance no es parlamentario, más aún cuando el ejecutivo tiene la capacidad de adornar gobernadores y referentes de todos los colores y sabores, absolutamente ajenos a la realidad que atraviesan las mayorías. Fue una gran jornada de lucha confrontada por una brutal represión, el único recurso que le permite a Milei sostener este modelo de hambre y entrega. Ese es nuestro criterio de éxito: el crecimiento de las luchas, de la conciencia y la organización. En la calle, en los conflictos, en la defensa del laburo y del salario no hay mucho margen para la rosca, el biri biri o las escondidas. Ese es el camino que debemos continuar profundizando, con creatividad y osadía como lo hizo el pueblo brasilero, y orientarlo hacia una alternativa política y electoral que exprese la unidad de las diferentes expresiones del campo popular. La posición de los comunistas es que es Axel Kicillof el que está en mejores condiciones de encabezar ese proceso donde está en juego la existencia de nuestra Nación.






































